sábado, 13 de diciembre de 2014

'El intérprete': Asier Etxeandia, animal escénico.

Voy a empezar este texto diciendo algo contundente y es que… El intérprete de Asier Etxeandia es ese espectáculo que todo el mundo debería ver, al menos, una vez en su vida. He podido disfrutar de este hombre que se transforma en lobo en el escenario y creo que va a tener que pasar mucho tiempo para que volvamos a ver algo similar.
Acompañado en el escenario por Tao Gutiérrez a la percusión, Guillermo González al piano y Enrico Barbaro al contrabajo, Asier Etxeandia se desnuda ante nosotros y nos ofrece un espectáculo autobiográfico con el que consigue liberar a su animal interior y tener al público en el bolsillo desde el principio hasta el final. Sin ornamentos, porque él solo llena el teatro, el escenario se presenta casi vacío: una mesa, una silla, una lámpara. Eso sí, la atmósfera se llena de teatro, música, pasión, fuerza e imaginación.
Se abre el telón y comienza la magia. Asier Etxeandia nos sitúa en una noche de 1984, esa noche tiene nueve años. Está solo en su habitación y nos mira, nos cuenta sus sufrimientos, sus sueños, sus miedos, su éxtasis, nos seduce, nos canta con toda la pasión que puede… a nosotros, sus amigos invisibles.
Un espectáculo a corazón abierto es el que nos ofrece. Hace de nosotros lo que quiere, nos hace cantar, bailar, reír, aplaudir sin parar y nos emociona. Quien lo ha visto en un escenario sabe que es el lugar en el que la bestia que lleva dentro se siente más cómoda, es el intérprete todoterreno que se come el teatro y en las más de dos horas que dura la función no permite que baje la adrenalina.
Hace un recorrido musical y emocional por canciones que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas: El Cantante de Héctor Lavoe, Puro Teatro, Volver de Gardel, Luz de luna la cual dedica a su madre y nos pone los vellos de punta. Un niño dolido con su entorno que lo margina y le pega canta Mañana del musical Annie. Talking Heads también se deja oír y sale de su garganta un electrizante Psychokiller, pero es que hay más, como Camilo Sesto, Isabel Pantoja o Walk on the wild side de Lou Reed. Si su madre tuvo su canción, a su padre le dedica con el alma desgarrada I’ll never fall in love again de Tom Jones.
Este intérprete no se olvida de Madonna con su Like a virgin, Janis Joplin con Me and Bobby McGee, Rock and roll suicide de David Bowie o los Rolling Stones con Sympathy for the devil. El público, ya entregado, sigue dándose al actor cantando y bailando con él ¿Por qué a mí me cuesta tanto? de Fangoria y Tú te me dejas querer.
Entre canción y canción nos dejaba retazos de su vida, de su mundo. Con gran humor transita por pecados, habla de sexo, sociedad, religión y política. El niño que soñaba es ahora el intérprete que lo ha logrado. La habitación desde la que nos cantaba ahora es un teatro repleto de gente, de amigos invisibles a los que ya ve. A veces dulce, a veces fiera… Asier Etxeandía es magnético y nos grita: “Defiende tu sombrero por muy ridículo que parezca”.
Es corazón, es fuerza, la magia comienza, se maquilla sus ojos de mirada felina y te entregas a él para siempre. Lo que ocurre fuera del teatro puede esperar.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Así lo reflejan los textos y ahí están porque... 'Así es, si así fue'.

Verónica Forqué, José Manuel Seda, Juan Fernández (al que José Luis Patiño sustituye en algunas funciones) y Joaquín Notario protagonizan este espectáculo dirigido por Laila Ripoll, con la dramaturgia de Juan Asperilla y producido por Andrea D'Odorico.
Así es, si así fue (España: de los Trastámara a los Austrias) es una obra que sorprende por sus peculiaridades. Los actores encarnan a más de 30 personajes para hacer un recorrido histórico por los hechos ocurridos en España en los siglos XV y XVI –a través de textos de la tradición culta y popular-.
La propuesta escénica es sencilla pero poco común: el espectáculo está planteado como una lectura dramatizada en la que, en determinadas ocasiones, los actores abandonan los atriles, son poseídos por los personajes y dramatizan aquello que están contando. El inicio es precioso, pues entran en escena presentándose como cómicos y pidiendo al auditorio perdón por las muchas faltas que pudieren cometer. Un precioso guiño a los juglares y un recuerdo del juego metateatral que se llevaba a cabo en el teatro del Siglo de Oro.
Esta función, como he comentado anteriormente, es un recorrido histórico que abarca el tiempo de Juan II, Enrique IV, el conflicto dado entre Juana La Beltraneja e Isabel La Católica, el reinado de los Reyes Católicos, el descubrimiento del Nuevo Mundo, Carlos V. Destacan además otros aspectos de la sociedad como la expulsión de los judíos o la situación de los moriscos –destacando una preciosa recreación de una boda sefardí-.
Hay asimismo un pequeño espacio dedicado a los versos de Sta. Teresa, Fray Luis de León, Juan de Mena y Jorge Manrique –con cuyas Coplas a la muerte de su padre comienza la función y de la que extraemos el mensaje de que la muerte nos llega a todo el mundo por igual-, entre otras muchas personalidades.
‘Cuánta gente, cuántos nombres, cuántos hechos’ pensarán, ¿verdad? Pues sí, pero no deben preocuparse, ya que durante toda la función van proyectando en la parte superior los episodios que cuentan o quién está hablando en ese momento. Por tanto, aunque no nos sepamos al pie de la letra la Historia (e historia) no perdemos el hilo en ningún momento.
Encontramos en la voz de los actores textos conocidos por todos y testimonios desconocidos para muchos. Es un espectáculo para el disfrute y el deleite del espectador pero no hay que olvidar que este tipo de teatro también pretende mostrar la Historia, con sus luces y sombras, para enseñar que el poder corrompe, que la intolerancia con grupos de nuestro entorno sigue existiendo tras siglos… y que no hemos cambiado aunque tantos siglos hayan pasado.
No faltan voces que se alcen de esos textos y tampoco faltan reacciones, pues los músicos Marcos León y Rodrigo Muñoz actúan como ciudadanos, además de tocar instrumentos antiguos para mantener la atmósfera de la época.
Tenemos a Juan Fernández quien encarna a Álvaro de Luna –valido de Juan II- o a Bartolomé de las Casas, sobrecogiéndonos con el relato de las torturas que los cristianos realizaron a las gentes que habitaban América. En la figura de José Manuel Seda se dan cita otros muchos personajes, como Fernando El Católico, marido de Isabel.
A Joaquín Notario tampoco le tiembla la voz y no duda un momento cuando de ser Fray Luis de León o el Marqués de Santillana –con El lamento de España-, entre otros, se trata. Magníficos todos y magnífica también Verónica Forqué, a través de la cual aparecen en escena multitud de personajes femeninos: Santa Teresa, Isabel La Católica o también Juana La Beltraneja –con un profundo y sentido monólogo-.
Respecto al vestuario encontramos que es neutro y sin adornos (tampoco en la escenografía), los hombres de negro y la actriz con un precioso vestido en tono claro. Aquí lo importante es la palabra y la magia de la evocación a través del movimiento y la voz de los actores. Si ya es toda una hazaña por parte de un actor desdoblarse en dos o tres personajes, imaginad lo que es que cada uno lleve sobre sí a más de diez. Disfrutan en escena y nos hacen disfrutar dándonos momentos divertidos, trágicos, golpes de realidad y caricias emocionales con los versos de nuestros clásicos.

martes, 2 de diciembre de 2014

Lo que nunca quisimos ver de Tenorio pero siempre estuvo ahí.

Nos acercamos con mucha curiosidad y nervios a la propuesta que ha planteado Blanca Portillo para la obra “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. Juan Mayorga se ha encargado de hacer la versión pero no se ha alterado una sola coma del texto original, se han respetado las rimas, las pausas versales, si acaso eliminado algún ripio… de hecho, es la primera vez que se pone sobre las tablas el texto íntegro de Zorrilla.
Si uno iba buscando en esta función plumas, capas, espadas o la mítica escena del sofá entre Don Juan y Doña Inés, encontrará de todo menos eso. Esta propuesta es una vuelta de tuerca, una lectura diferente del texto, completamente distinta a lo que estamos acostumbrados a ver. Desmontar el mito, desenmascarar a Don Juan indagando en la profunda significación del texto sin alterarlo lo más mínimo es todo un acto de heroicidad.
Fotografía de CfLópez.
Un texto si ya no tiene nada más que ofrecer en materia de significación y puesta en escena poco a poco va perdiendo vida. Blanca Portillo y todo su ejército de titanes sobre el escenario nos demuestran que el texto de Zorrilla aún da para mucho más.
La gente va a ver cosas nuevas en esta función que no ha visto antes en otro Tenorio. Una de las cosas que han incorporado al texto es el punto de vista de dos personajes sobre lo que esté ocurriendo en escena: uno es La Mujer, que canta durante los cambios de actos y escenas. El otro personaje es Miguel que aparece al principio en la taberna con Buttarelli pero que en esta función tiene otro tipo de desarrollo, es el personaje que ve lo que ocurre y toma sus propias decisiones para el final de la función.
Llegas al teatro y te encuentras con una escenografía grande pero, en apariencia, sencilla, en tonos fríos, con dos lunas muy simbólicas… aunque muy funcional todo para que los cambios fuesen fáciles de realizar. Dichos cambios están unidos a una serie de canciones, firmadas por Blanca Portillo y Juan Mayorga.

“Don Juan Tenorio” es la obra más representada de todo el teatro español y tenemos en nuestro imaginario colectivo una serie de características unidas a este personaje: un galán capaz de encandilar a todas las mujeres, que parece haberse ganado el respeto de los que le rodean, etc.
Pero si analizamos sus palabras es un ser que se recrea en la lista del gran número de muertos y mujeres vendidas que ha dejado a su paso, ¿cómo hemos podido sentirnos orgullosos de un personaje así? ¿cómo ha podido convertirse en el “héroe español”? Es un hombre que engaña y desprecia, pasa por encima de todo y de todos. La razón atropella, la virtud escarnece, a la justicia burla y a las mujeres vende. En todas partes dejó memoria amarga de él. Estas palabras del propio don Juan dan para pensar, ¿verdad?
Blanca Portillo limpia la visión mitológica que teníamos de ese ser, mostrando cómo realmente es. Pues ya quizás lo dio a entender Zorrilla cuando dijo que la luz a su obra se la daba doña Inés y la oscuridad se la da don Juan. Hay matices llamativos que resultan de interés en esta visión, pues arrasa con el romanticismo, destaca la sexualidad y salpica algunos pasajes con toques de humor, como el momento de lectura de la carta que don Juan le escribe a doña Inés, que es para quedarse con la boca abierta por lo que nos descubren con la actitud y la forma de interpretar el texto.
Fotografía de CfLópez
Dentro de este marco, de esta propuesta y la impactante puesta en escena tenemos a los personajes:
Don Juan es interpretado por José Luis García-Pérez de manera magistral. No es fácil cargar con el peso de un personaje principal en una función como esta y ahí está, dejándose la piel para convencernos de que detrás de todo hay un canalla, un asesino y que “no, no hay perdón para mí” –en un atractivo juego de ruptura de la cuarta pared-.
Una inocente, dulce, acertada y jovencísima Doña Inés crece y evoluciona, hasta sorprender en su final, en la figura de Ariana Martínez. La interpretación de Beatriz Argüello dando vida a una Brígida impactante es digna de destacar.
Miguel Hermoso es Luis Mejía: un actor con una fuerza aplastante que, aunque vemos que su personaje es al principio otro don Juan, también es despojado de su máscara y pasa a engrosar la lista de los agraviados.
Es que ningún trabajo actoral en esta obra tiene desperdicio: Eduardo Velasco como Ciutti, Juan Manuel Lara como Gonzalo de Ulloa, Rosa Manteiga como abadesa y el resto del elenco (Raquel Valera, Francisco Olmo, Marta Guerras, Alfredo Noval, Alfonso Begara, Luciano Federico, Daniel Martorell) dan sentido a todo el conjunto. Me quito el sombrero ante ellos.
Con este Tenorio habrá un antes y un después. Aquí no se trataba de cambiar el final ni remodelar el texto para que dijese otra cosa, no se trataba de forzarlo para encajar la propuesta ni vengarse de don Juan con una muerte diferente o encarcelarlo… La magia está en que sobre el mismo texto original de Zorrilla, tantas veces visto y leído, han indagado hasta descubrir lo oculto, la verdad. Y sólo así, con la verdad, todos ellos y doña Inés estuvieron listos para sentenciar.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un "Don Juan Tenorio" que no dejará indiferente a nadie. Entrevistas a José Luis García-Pérez y Juan Manuel Lara.

Durante 10 días Sevilla tiene el lujo de disfrutar de una nueva propuesta teatral de “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla, que estará hasta el día 30 de noviembre. Una producción enorme, con la implicación de tres ciudades, una propuesta rompedora y una lectura muy diferente del texto (sin sufrir modificación alguna). Blanca Portillo quiere llamar “a Tenorio por su nombre” y lo ha conseguido. Habrá muchos Tenorios pero ninguno se va a parecer a este. Quien vea esta obra sabrá que estará presenciando algo único. Muy intrigados por lo que subirá a las tablas tuvimos el placer y el privilegio de hablar con dos de los actores que componen el elenco: José Luis García Pérez (don Juan Tenorio) y Juan Manuel Lara (el Comendador, Gonzalo de Ulloa).
Después de la entrevista con José Luis García Pérez.
Pregunta: ¿Es la primera vez que trabajas con Blanca Portillo?
José Luis García-Pérez: No, hicimos La Avería que también se representó aquí en el Lope de Vega, un cuento de Dürrenmatt versionado en obra de teatro y este es el segundo montaje que hacemos juntos.
P.: Conociendo entonces cómo trabaja Blanca Portillo, lo peculiar y lo grande que es, ¿os ha sorprendido la propuesta de este Tenorio?
J.L.G-P.: Es que este Tenorio nadie, nunca, jamás en la historia de los Tenorios ha visto este Tenorio y yo creo que contamos la historia de don Juan Tenorio de verdad. Yo llevo implicado en este proyecto desde que nació de gira con La Avería, decidimos que queríamos llamar a Tenorio por su nombre. Entonces no me sorprendió porque he mamado de ello y es parte de mi vida. Sí va a sorprender mucho a los espectadores. Mucho. Muchísimo.
P.: He podido ver fotografías de la escenografía y vestuario, me han sorprendido porque no estamos acostumbrados a algo así cuando hablamos de Don Juan Tenorio.
J.L.G-P.: No hay plumas, espadas ni nada por el estilo. Esto es una obra contemporánea, con el texto de Zorrilla íntegro y viendo lo que dicen los personajes, que son personajes que matan a gente, que violan, que desprecian al ser humano. Eso es lo que vemos ahí.
P.: Demostrar que no era tan donjuán como pensábamos…
J.L.G-P.: De hecho, el donjuanismo es hasta una enfermedad psicológica. Pero que cada uno le ponga el calificativo que quiera al personaje (risas).
P.: No podemos negar que el uso que hace Zorrilla de la lengua es maravilloso y esta versión de Juan Mayorga lo potencia.
J.L.G-P.: Efectivamente, aquí además toca muy poco. Lima algunos ripios en los que cae Zorrilla pero poco más. Creo que es la versión más extendida del texto porque siempre se suelen cortar muchas partes. Aquí no hemos cortado prácticamente nada. Dura dos horas y veinte.
P.: Volviendo a leer el texto de Zorrilla y viendo la propuesta teatral, me ha llamado la atención que hay un personaje que se llama “La mujer” que no aparece en el texto original…
J.L.G-P.: Sí, hay un par de personajes que no aparecen en el texto de Zorrilla: uno es un niño que aporta el punto de vista de toda la historia, que es Miguel y que aparece al principio con Butarelli. Lo mantenemos a lo largo de toda la obra y va a dar un punto de vista importante sobre lo que ve que ocurre en la función.
Luego está “La mujer” que está embarazada, que puede representar muchas cosas pero antes que contarlo prefiero que veáis la obra porque no quiero dar pistas (risas). Puede ser muchas cosas, como la madre de Juan que no aparece por ningún lado, los hijos perdidos, las mujeres vendidas y embarazadas...
P.: Un poco todo lo que ha ido sembrando don Juan en su camino…
J.L.G-P.: En cualquier caso es también el punto de vista de la mujer, que además canta. Hay unos cambios de escenografía brutales y durante esos cambios ella canta. Lo que canta, que eso sí que es texto de Blanca Portillo y de Juan Mayorga, es su punto de vista sobre lo que está ocurriendo sobre el escenario.
P.: Sin duda, esta obra ha sido contemplada y construida teniendo en cuenta el punto de vista femenino en todos los sentidos. Dirigido por una mujer y enfocado hacia la mujer…
J.L.G-P.: Absolutamente femenino. Bueno, femenino o masculino bien entendido porque yo lo veo desde un punto de vista masculino bien entendido, no de machote y malote, que malote se queda corto para lo que era este hombre.
P.: ¿Esta perspectiva que no pierde de vista lo femenino podría ya venir apuntada por José Zorrilla?
J.L.G-P.: Es muy curiosa la relación de Zorrilla con la obra. Durante mucho tiempo la detestó porque no existía el derecho de propiedad intelectual. Ha sido la obra más representada en la Historia del teatro español pero no veía ni un duro de la función. Pero sí llega a decir en un momento dado que la luz a la función se la da Inés y la oscuridad don Juan. Creo que eso es lo más cercano porque después lo que hemos visto es que la luz se la daba don Juan con lo de que era un galán que enamoraba a la gente…
P.: Una de las cosas que siempre me ha creado curiosidad es que es el único Don Juan de la tradición que se va transformando a lo largo de la obra. Estaban la obra de Molière o la ópera de Mozart y siempre el personaje se mantenía igual…
J.L.G-P.: Sí, además lo matan, acaba muriendo sin redimirse. En esta función de Zorrilla se redime en el texto, no en nuestra función.
P.: Blanca Portillo ha ido un paso más allá sumado a lo que ya inició Zorrilla.
J.L.G-P.: Sí, yo creo que le añade una visión que, al fin y al cabo, es el trabajo de un director: añadir una visión personal a lo que ya está escrito.
P.: Lo humaniza, le quita todo ese halo que ha acompañado a este personaje a lo largo del tiempo hasta convertirlo en un mito.
J.L.G-P.: Humanizado absolutamente y en la forma nuestra de decir el texto también. Además una cosa importante es que no sólo se cuenta la historia de don Juan, sino de todos los personajes. Hay muchos detalles en todas las escenas de los otros personajes, que cuentan historias de cada uno. Cada personaje tiene su historia, cada personaje tiene su final.
P.: Esa evolución en la historia de que don Juan es un canalla y después toma conciencia de su propia maldad, que se redime con el amor, consigue el perdón… está presente en el texto, pero en este espectáculo podríamos intuir que hasta ahí encontraremos algo diferente, ¿no?
J.L.G-P.: Sí. Yo creo que Juan lo que tiene es miedo a morirse, con muchos fantasmas que son su conciencia. Al final es todo fachada y cuando el interior está vacío… cuando el exterior se va a acabar, la muerte da mucho miedo.

No sólo descubriremos cómo es verdaderamente don Juan, así pudimos comprobarlo charlando con Juan Manuel Lara.
P.: Va a sorprender porque tenemos un “Don Juan Tenorio” en nuestro imaginario colectivo que es diferente a lo que planteáis. ¿Ha costado entrar en la propuesta?
Juan Manuel Lara: Cuando te dicen “vas a hacer el Comendador” tienes ya una imagen en la cabeza que es lo que has visto: un hombre con gran honor, robusto, etc. y Blanca Portillo te da una imagen diferente. Entonces empezamos a trabajar con ella talleres de sexo y violencia, por ejemplo. También empezamos a trabajar nuestra propia conciencia, por ejemplo, en mi caso, ese padre… el Comendador ¿qué tipo de relación tiene con su hija?
Empiezas a ver de pronto en el texto cosas que no veías antes. Él es un hombre que mete a su hija en un convento, la ha hecho ignorante porque ella tiene la inocencia de la ignorancia. No sabe nada, le ha metido una persona para que la prepare para el casamiento. No la ha dejado vivir. No es un hombre que la esté protegiendo, sino que la está encerrando no sólo físicamente, también mentalmente. No deja que conozca la vida.
En ese sentido, conociendo esto, ya empieza a cambiar tu personaje y ya no se puede interpretar igual. Él llega a una situación peligrosa en la hostería, de incógnito, no puede llegar ahí engrandecido diciendo “¡soy el comendador!” porque es mayor y tiene que llegar con otra actitud.
Tú vas viendo pedacitos de tu personaje que se va construyendo de otra forma y una vez que ya tienes todo eso de tu personaje… el texto ya no eres capaz de decirlo de otra forma. Ya cambia.
P.: Entonces a su personaje también se le ha desenmascarado.
J.M.L.: Claro, es que ha concertado una boda con él (don Juan) sin que lo sepan él ni doña Inés. Sólo lo sabe el comendador y el padre de don Juan. Es una barbaridad y cuando se analiza al personaje descubres cosas con las que quedas impactado.
Blanca Portillo nos ha ido empujando a ese camino y ahora soy incapaz de leer el Tenorio con la otra visión anterior a esta propuesta.
P.: Como anteriormente he comentado con José Luis García-Pérez, Blanca Portillo ha ido un paso más allá de lo que ya propuso Zorrilla de diferente en su obra respecto a la evolución de los personajes.
J.M.L.: Blanca ha sacudido este mito del don Juan que tenemos instalado en la cabeza pero sin conocimiento, casi inconsciente. Nos ha enamorado incluso la misma palabra “ser un donjuán”. Blanca ha cogido ese árbol, lo ha sacudido y ha caído todo. Ha quedado el ser humano en esencia y ha hecho desaparecer el mito de don Juan y ha salido el ser humano, la conciencia, la muerte, la soledad y la nada. Cuando muere no suenan clarines, no suena nada.

Sin duda, esta obra sorprenderá desde el principio hasta el final. 
Muchas gracias por vuestro tiempo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Siempre hay una carta más.

¿Ganar o perder la partida? No lo sabremos hasta que no giremos esa última carta que tenemos en nuestras manos. La vida es un constante juego en el que hay que tomar decisiones, sólo así conseguimos avanzar. Miguel Rellán, Ginés García Millán, Luis Bermejo y Jesús Castejón son los cuatro palos de esta baraja que nos puso sobre el escenario del Teatro Central de Sevilla Pau Miró con su obra “Jugadores”, de la que es también el director.

Los cuatro hombres se reúnen en la casa (concretamente en la cocina) de uno de ellos para jugar al póquer, beber y hablar de los reveses que la vida les está dando. Es una función que nos plantea en un tono de comedia ácida la realidad que muchas personas viven. Al principio no sabemos muy bien por dónde van los tiros, sólo nos queda entregarnos a los diálogos y dejarnos sorprender.

De izquierda a derecha:
Ginés García Millán, Miguel Rellán, Jesús Castejón y Luis Bermejo.

Jesús Castejón encarna a un barbero, cuya seguridad laboral y amorosa pende de un hilo. Luis Bermejo es el actor que sigue confiando en las esperanzas del ‘para nuestro próximo montaje contaremos contigo’ y que se ha entregado a los vicios. Ginés García Millán es el enterrador, un hombre con un carácter peculiar y enamorado de una prostituta. El profesor de matemáticas es Miguel Rellán, quien dota a su personaje de una ternura exquisita. Ahogado por las deudas y por un desagradable incidente parece no comprender las cartas o pistas que la vida le va poniendo sobre sus manos.

Los personajes no tienen nombre y se llaman unos a otros por sus oficios. Poco importa cómo se llamen, pues nos interesa ver ese reflejo de nosotros mismos, del ser humano, de la vida. Son la viva imagen de la desesperación unida a la tristeza. Cuatro hombres muy diferentes pero que les une la tragedia de sentirse solos, el haber perdido todo el dinero en el casino... Sólo se tienen los unos a los otros porque en el fondo saben que son su única familia.

No hay misterio o duda que uno tenga y que no puedan resolver cualquiera de los otros tres y así, en comunión, acuerdan cometer esa locura que podría salvarles o condenarles para siempre. Una de las grandes tragedias emocionales del ser humano es la de no ser capaces de tener sentido del humor, por eso esta obra te muestra la verdad a golpe de humor inteligente y ácido. Ríes pero por dentro piensas: “¡qué razón tiene!”
“Si te miras al espejo, puedes ver el futuro” dice el profesor de matemáticas (Miguel Rellán) en un momento de la función. ¿Te gusta lo que ves? ¿Apostamos una carta más? A ver qué sale. Quién sabe, quizás tengamos suerte.

martes, 21 de octubre de 2014

¿La fantasía es suficiente para un alma insatisfecha?

Mario Vargas Llosa es un prolífico novelista y poco se conoce (o se conocía) su obra dramática. Hasta ahora. El Teatro Español de Madrid se ha embarcado en el titánico pero maravilloso proyecto de llevar a la escena todas las obras dramáticas del Nobel. Ya se han representado La Chunga, El loco de los balcones y ésta de la que les voy a hablar: Kathie y el hipopótamo, cuyo elenco lo componen Ana Belén, Ernesto Arias, Jorge Basanta, Eva Rufo y David San José y están dirigidos por Magüi Mira. Obra que por suerte ha podido salir de gira y de la que hemos podido disfrutar en el Teatro Lope de Vega de Sevilla.
Esta obra nace de un acontecimiento real: Vargas Llosa trabajó en su juventud como amanuense para Cata Podestá, una mujer adinerada que quería escribir un libro de viajes. De la realidad surge la ficción de Kathie y el hipopótamo: Kathie Kennety es una mujer de la alta sociedad limeña que contrata a Santiago Zavala para que, durante dos horas, le ayude a escribir con fina retórica un libro sobre sus viajes por países exóticos. Pero la ficción termina envolviéndoles y esos relatos se ven alterados con dosis de invención y recuerdos que se materializan sobre el escenario. Este segundo plano que se suma y se entrelaza con el primero viene de la mano de Juan y Ana, marido y mujer de Kathie y Santiago, respectivamente.
Elenco de 'Kathie y el hipopótamo'. Fotografía de Sergio Parra.
Todo termina formando una red de planos, recuerdos, saltos e invenciones que nos desvelan la frustrada vida de los personajes, lo perdidos que se descubren a sí mismos y la imperiosa necesidad de sobrellevar su desgarrada vida mediante la creación de máscaras. No es casualidad que Vargas Llosa, antes de comenzar el texto de Kathie y el hipopótamo, nos regale una cita de T.S. Eliot: «Go, go, go, said the bird: human kind cannot bear very much reality» (Traducción: «Fuera, íos, dijo el ave: no pueden los humanos soportar demasiada realidad»).
Quienes nos acercamos a la obra dramática de Mario Vargas Llosa sabemos que posee ciertas particularidades que la hacen muy atractiva y un gran potencial escénico: saltos de tiempo, espacio, planos, un estudio de la ficción, la literatura y la mente del ser humano. El autor, que ya lo reconoce en su prólogo a La Chunga, persigue hacer un «teatro que juega a fondo la teatralidad». No es un dramaturgo accidental y creo que ha sido injustamente valorado por la crítica y los académicos cuando afirman que su obra dramática es «no-teatro», que carece de acción y que es muy narrativa.
Ha declarado en multitud de ocasiones que su primer amor fue el teatro y que, si en Lima se hubiesen dado las condiciones idóneas, hubiese sido dramaturgo y no novelista. Mario Vargas Llosa desarrolla una dramaturgia particular, un «teatro total» en el que nos muestra una visión completa y compleja del ser humano: lo que somos, lo que queremos ser, lo que hubiésemos querido ser y lo que momentáneamente somos cuando nos alimentamos de la ficción.
Nos encontramos con una puesta en escena sencilla, en la línea de los excepcionales montajes de Magüi Mira. Ni sobra ni falta nada, pues aunque haya pocos elementos en el escenario, Mira se toma el tiempo de modelar como una artesana a todos y cada uno de los actores, para que sean ellos y sus personajes los que llenen el espacio.
Ana Belén y Jorge Basanta en un momento de la representación.
Fotografía de Sergio Parra.
El reparto lo encabeza Ana Belén, magnífica en su papel de Kathie –aunque no es el único que encarna-. Cuesta hacerse a la idea de que no sea esta actriz la que dé vida a este personaje. La elegancia y sutileza con la que va desarrollando sus roles la hacen única y ya nos termina de deleitar cuando canta canciones como Sous le ciel de Paris, La vie en rose o Ne me quitte pas. Canciones que, por cierto, no están puestas en medio de los diálogos porque sí, sino que están perfectamente argumentadas dentro de la trama.
Ernesto Arias encarna a la perfección a Santiago Zavala –personaje que aparece en la novela de Vargas Llosa Conversación en La Catedral-, un intelectual fascinado por la filosofía existencialista, con deseos de grandeza y cuyo modelo en lo literario y lo sexual es Victor Hugo.
En otro plano, pero no secundario porque se van entrelazando con los primeros, están Jorge Basanta (Juan) y Eva Rufo (Ana). Ambos actores me sorprendieron gratamente pues sus personajes, cuando estamos leyendo el texto, no parecen tener un desarrollo profundo pero consiguen darle una fuerza y unos matices fabulosos en el escenario. Él es un mujeriego preocupado en presumir y obsesionado surfista que compara a las mujer con ir a correr olas. Eva Rufo interpreta a una Ana Zavala riquísima en matices cómicos e irónicos con una fuerte pulsión interior: el inmenso dolor de saberse abandonada.
Hemos de destacar la presencia al piano de David San José, quien completa la atmósfera «francesa» y el decorado psicológico con su acompañamiento musical. Muy fino, sutil y acertado es el pequeño toque (de vez en cuando y casi imperceptible) que realiza pulsando tres teclas en el tránsito de un plano a otro. Es ese toque mágico que advierte al espectador de que algo ha cambiado ligeramente en escena.
La directora Magüi Mira.
Magüi Mira, directora de esta obra, sabe lo que hace y pone su inteligencia al servicio de un espectáculo para el deleite de los espectadores. Quien escribe estas palabras no puede evitar, cada vez que sale del teatro, mirar las caras de las personas del público y oír sus impresiones. Hay quien echaba de menos una puesta en escena realista y con más elementos, pero lo cierto es que esta obra no necesitaba más: un diván, una mesa, unas cuantas sillas, un piano y unos maniquíes (que creo simbolizan los múltiples «yoes» y el desdoble de los personajes). Fijar un espacio y concretar un ambiente no es necesario pues la obra transita constantemente entre la evocación, la sugerencia… la fantasía, la realidad…
Todos salían encantados por lo que acababan de ver, sin dar signos de haberse perdido entre tantos planos y saltos. No se echaba en falta ningún tipo de transición, ya que la luz, la música, la energía de los actores y sus movimientos son más que suficientes. Nunca perdemos el hilo de lo que está ocurriendo en el escenario y quiénes son los personajes, lo que sin duda desvela que la directora posee un profundísimo conocimiento sobre el teatro del autor, pues ha sabido captar hasta el último juego escénico.
Sonríes… y empiezas a sumar: nostalgia, verdad, tragedia, fantasía, realidad, recuerdos, complicidad, vuelves a sonreír y de pronto te da un vuelco el corazón… Te da un vuelco porque te reconoces, reconoces todas las caras que tiene el ser humano y que acaban de poner frente a tus ojos.

lunes, 13 de octubre de 2014

'Patente de Corso'. Esta tragicomedia que es España.

La nueva temporada teatral del Lope de Vega comenzó el pasado jueves con el estreno nacional de Patente de corso, una obra basada en los textos periodísticos de Arturo Pérez-Reverte y que cuenta con las interpretaciones de Alberto López y Alfonso Sánchez –nombres que os sonarán de Ocho apellidos vascos y El mundo es nuestro-. Esta es la particularidad textual de la obra, que es una adaptación de los artículos para crear una obra de teatro.
Esta función ha tenido una gran acogida por parte del público, pues desde semanas antes de su estreno ya habían agotado todas las localidades para los cuatro días que han estado en cartel. Pero el público claramente pudo apreciar que no nos encontramos a los Compadres en el escenario, sino a Luciano (Alfonso Sánchez) y Mariano (Alberto López). Estos dos personajes, muy diferentes en el inicio pero en los que después se altera el status quo, nos ponen sobre el escenario con un humor ácido todos los problemas que arrastra nuestra sociedad y los tipos que pululan por nuestras calles. De hecho, el subtítulo de la obra es bastante ilustrativo: Tratado ibérico del hijoputismo.
Fotografía de Millán Herce.
Luciano es un hijoputa «con clase» que lleva sobre sus espaldas un extenso y variopinto curriculum: Cabo segundo de Infantería, limpiabotas, trilero, contrabandista e incluso cantaor. Mariano, por su parte, es un pobre hombre que harto de su mediocre vida y de los fracasos continuados quiere seguir los pasos de Luciano.
Se hace un recorrido por las distintas clases de hijoputas e hijos de puta y las atrocidades que cometen y, sin perder de vista la carcajada, provocan en nosotros una profunda reflexión sobre lo que nos ha caído encima. Así, en un grito elevado, se cagan en la pasividad, en el gobierno, en los canallas y hasta en el peaje de Cádiz.
Fotografía de
Carlos Hernández.
A lo largo de la función, vemos como se combinan los diálogos de los personajes con diversos monólogos –demasiados largos para mi gusto- de denuncia social, acompañados algunos de una música rock y otros de una música de reminiscencia circense que provocaron en mí una reflexión: España se ha convertido en un circo y nosotros somos las marionetas de los gobernantes, somos esos payasos de los que se ríen los poderosos. Pero es importante destacar que nosotros no hemos querido entrar en ese circo. España es esa gran tragicomedia en la que ríen ellos y lloramos nosotros. En algún momento habrá que invertir el orden.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Octubre en el Teatro Lope de Vega (Sevilla).

PATENTE DE CORSO.
La primera obra que nos presenta el Teatro Lope de Vega para abrir su temporada 2014-2015 es Patente de Corso, una obra basada en los textos periodísticos de Arturo Pérez-Reverte –y subtitulada Tratado ibérico del hijoputismo-. Será interpretada por Alfonso Sánchez y Alberto López, nombres que os sonarán de Grupo 7, Ocho apellidos vascos o El mundo es nuestro.
Del 9 al 12 de octubre podremos ver en escena a Luciano y Mariano, los personajes a los que dan vida. Luciano posee una patente de corso auténtica, con casi dos siglos de antigüedad y firmada por Fernando VII, que quiere vender. Asegura que con ella se puede estafar, robar, malversar, saquear y desfalcar, con todos los papeles en regla y la firma del rey. Mariano, un ciudadano harto de estar harto al que la vida lo ha tratado de forma despiadada, la quiere comprar.
Se entabla una relación entre ambos que sirve para mostrar un mosaico de espejos, en cuyos pedacitos podemos ver el reflejo de partes de nosotros mismos y de nuestra sociedad, que parece haber entrado en permanente bucle, que se antoja eternamente cíclica.
Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Avda. María Luisa, s/n.
Fecha: del 9 al 12 de octubre.
Horario: 20:30h / Domingo: 19:30h.
Precio: De 4€ a 21€.
Pueden comprar las entradas en taquilla y a través de internet.

KATHIE Y EL HIPOPÓTAMO de Mario Vargas Llosa.
Desde que el Teatro Español de Madrid decidiese llevar a las tablas toda la producción dramática de Mario Vargas Llosa, Kathie y el hipopótamo es la primera que sale de gira después de cosechar un grandísimo éxito en Madrid.
Además de ser la primera obra del Nobel que recorrerá la geografía española, es la primera vez que se representa en España. El elenco de esta función, dirigido por Magüi Mira, está formado por Ana Belén, Ernesto Arias, Jorge Basanta, Eva Rufo y David San José.
Ana Belén, del 16 al 19 de octubre, encarnará a Kathie, una mujer de la alta sociedad limeña, contrata a un profesor universitario, Santiago Zavala, para que escriba un libro sobre el viaje que ella ha realizado por Asia y África. Una reflexión sobre el origen de los relatos y sobre la fantasía y la imaginación con la que creamos historias que no han ocurrido en la realidad. “Cuando escribí la pieza –escribió Vargas Llosa a propósito de su obra–, ni siquiera sabía qué tema profundo eran las relaciones entre la vida y la ficción, alquimia que me fascina porque lo entiendo menos cuanto más lo práctico”.
Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Avda. María Luisa, s/n.
Fecha: del 16 al 19 de octubre.
Horario: 20:30h / Domingo: 19:30h.
Precio: De 4€ a 21€.
Pueden comprar las entradas en taquilla y a través de internet.

LA PUNTA DEL ICEBERG de Antonio Tabares.
Sergi Belbel dirige a Nieves de Medina, Eleazar Ortiz, Montse Díez, Pau Durà, Luis Moreno y Chema de Miguel en esta producción del Teatro de la Abadía.
Una empresa multinacional se ve sacudida por el suicidio de tres de sus empleados en apenas cinco meses. Desde la sede central, la compañía envía a una directiva para llevar a cabo una investigación que trate de aclarar lo sucedido. En sus encuentros con los trabajadores se percibe un ambiente cargado de presión, sin la menor consideración por los intereses personales de cada uno, porque se concede prioridad absoluta a los resultados. Así es La punta de iceberg, una función que estará sobre las tablas del 23 al 26 de octubre.
“Una obra sobre las relaciones humanas en un entorno laboral competitivo y hostil”.
Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Avda. María Luisa, s/n.
Fecha: del 23 al 26 de octubre.
Horario: 20:30h / Domingo: 19:30h.
Precio: De 4€ a 21€.
Pueden comprar las entradas en taquilla y a través de internet.

LA ESTRELLA DE SEVILLA de Lope de Vega.
La Compañía de Teatro Clásico de Sevilla lleva una obra escrita por Lope de Vega a las tablas del teatro que lleva su nombre. Alfonso Zurro dirige en su versión al elenco de actores formado por: Rebeca Tores, Manuel Monteagudo, Moncho Sánchez-Diezma, Pablo Gómez-Pando, Antonio Campos, Alicia Moruno, Manuel Rodríguez.
Se trata de una obra dramática que narra unos supuestos sucesos históricos acaecidos en Sevilla: el vasallo frente al rey, los límites de la lealtad, del honor y del amor; una obra que cuestiona la legitimidad del poder cuando deja de ser justo. Nos situamos en el siglo XIII. El Rey Sancho el Bravo llega por primera vez a esta ciudad y queda prendado por la belleza de Estrella Tavera. La desea y todo su fin es conseguirla cuanto antes, pasando por encima de quien se tercie.
La Estrella de Sevilla, que podremos ver del 30 de octubre al 2 de noviembre, tiene una clara intencionalidad política para su momento. Traslada una serie de consejos sobre los problemas de una monarquía absolutista y caprichosa. El principal tema sobre la que se asienta la obra es el abuso del poder real, que se presenta como un poder injusto.
Lugar: Teatro Lope de Vega, Sevilla. Avda. María Luisa, s/n.
Fecha: del 30 de octubre al 2 de noviembre.
Horario: 20:30h / Sábado: 18:30h y 22:00h / Domingo: 19:30h.
Precio: de 4€ a 21€.

Pueden adquirir las entradas en taquilla y a través de internet.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

"El loco de los balcones" de Mario Vargas Llosa.

El Teatro Español de Madrid emprendió el ambicioso -pero maravilloso- proyecto de llevar a las tablas todas las obras teatrales de Mario Vargas Llosa. Ya en la temporada pasada se llevaron a escena La Chunga dirigida por Joan Ollé y contando con: Aitana Sánchez-Gijón, Asier Etxeandía, Jorge Calvo, Tomás Pozzi, Rulo Pardo e Irene Escolar y Kathie y el hipopótamo bajo la dirección de Magüi Mira, con un elenco compuesto por Ana Belén, Ginés García Millán, Eva Rufo, Jorge Basanta y David San José (ahora, para la gira, el actor Ernesto Arias sustituye a Ginés Gª Millán).
Esta nueva temporada podremos ver, desde el 17 de septiembre hasta el 19 de octubre, otra obra del Nobel: El loco de los balcones, una tragicomedia protagonizada por José Sacristán y dirigida por Gustavo Tambascio.
Esta función aborda temas como la soledad, los sueños, el suicidio y la libertad, entre otros. Aldo Brunelli es el protagonista de la obra (interpretado por José Sacristán), un profesor de Historia del Arte, viudo y de avanzada edad. Vive en el Perú y, junto a su joven hija Ileana, dedica sus días a rescatar balcones coloniales.
Su hija conoce a un chico arquitecto con el que se casa y deciden marcharse. Trasladan esta información al padre, añadiendo además que la tarea de rescatar balcones siempre le ha parecido –y le parece- absurda porque no ha sabido aprovechar los años de su vida que ha dedicado a esta actividad.
Esta declaración hiere a Aldo Brunelli, quien se da cuenta del daño que ha estado causando a la gente que le rodeaba, en concreto a su hija. ¿Abrirá Brunelli los ojos? ¿Qué hará después de aceptar lo cierto de las palabras de su hija?

Teatrística se va hasta Madrid para descubrirlo. Os animamos también a que hagáis una escapada teatral para ver la obra.

martes, 19 de agosto de 2014

Premios Ceres 2014: Jordi Galcerán y 'El Crédito'.

Con motivo de los Premios Ceres 2014 recuperamos la crítica de la obra El crédito, que pasó por el Teatro Lope de Vega de Sevilla a finales de mayo. ¿Por qué recuperamos esta crítica? Pues porque el jurado de estos premios ha decidido, por unanimidad, conceder el premio al Mejor Autor Teatral 2014 al dramaturgo Jordi Galcerán por esta obra.
¿Qué son los Premios Ceres? Los Premios Ceres de Teatro, que nacen desde la dirección del Festival de Teatro Clásico de Mérida y el Gobierno de Extremadura, son unos galardones que otorgan a los mejores en cada disciplina profesional del mundo del teatro, así encontramos trece categorías: mejor espectáculo teatral del año, mejor director de escena, mejor guión, mejor actor, mejor actriz, mejor escenógrafo, mejor iluminador, mejor vestuario, mejor caracterización, mejor trayectoria empresarial, Premio Emérita Augusta a toda una vida y dos referidos al Festival de Mérida: Premio del Público  y Premio de la Juventud.
La ceremonia de entrega tendrá lugar el 28 de agosto en el Teatro Romano de Mérida. En las dos ediciones anteriores de los Premios Ceres fueron galardonados con el premio al mejor autor Miguel del Arco (2012) y Juan Mayorga (2013).
Jordi Galcerán.
Fotografía de:
Lluis Bernat.


Jordi Galcerán, que estudió Filología Catalana en la Universitat de Barcelona, es un autor teatral que goza de gran reconocimiento, destacando El método Grönholm que fue traducida y representada en más de 50 países. Entre sus obras también encontramos títulos exitosos como Surf, Gaudí, Paradís, Fuga, Burundanga, El crédito o Cancún (que podremos ver en el Teatro Lope de Vega), entre otras.




«Entonces no me quedará más remedio que…» y no termino la frase para no desvelaros el detonante del conflicto de la obra El crédito.
Carlos Hipólito y Luis Merlo en un momento de la función.
Cuando vimos en cartel que la obra El Crédito estaría en el Teatro Lope de Vega de Sevilla lo primero que pensamos es que probablemente fuese un drama de carácter social, que hablaría de la crisis y que nos pondría sobre la mesa una serie de cuestiones sobre el mundo financiero. ¡Pues no! Cuán ingenuos somos si nos dejamos guiar por un título solamente… Pero allá que nos lanzamos a dejarnos llevar por el teatro y ¡menuda sorpresa!
Con un planteamiento inicial bastante normal y habitual –un pobre hombre que va a pedir un crédito a una sucursal bancaria- nada hace presagiar que, después de las súplicas de Antonio (Luis Merlo) y las negativas del bancario ante su insolvencia, la situación dará un giro de 180º ante una amenaza y se desatará la catástrofe en la vida de Gregorio, el director del banco (Carlos Hipólito). Pero eso es lo que tienen los textos de Jordi Galcerán: la sorpresa, llevarte las manos a la cabeza, decir «¡no me lo puedo creer!» con estupor, los giros, el humor y tenerte enganchado a la función hasta el último segundo.
No es la primera vez que Carlos Hipólito interpreta un texto de Galcerán –autor también de Burundanga o Fuga, entre otros títulos-, ya trabajó en la obra El método Grönholm. Sí es la primera ocasión en la que trabaja junto a Luis Merlo y la primera que ambos lo hacen bajo la batuta de Gerardo Vera, quien ha realizado una magnífica dirección del dúo de actores. El fantástico resultado de este trabajo pudo medirse en las risas constantes de los espectadores y en todo un público en pie dedicando un prolongado aplauso a los actores al final de la función.
Luis Merlo demuestra ese don que tiene para la comedia en un despliegue sin fin de recursos interpretativos que hacen de su personaje un tipo curioso. Un tipo del que no sabemos nada, tampoco para qué quiere el dinero, pero que desencadena con sus palabras –y su retórica- toda una serie de emociones en el otro personaje. Es una función de dos y su personaje “cree en la palabra dada y es lo único que tiene para ofrecer: su palabra de que va a devolver el dinero”.
Carlos Hipólito, reciente ganador del Premio Valle-Inclán, con su presencia, naturalidad y talento tiene al público en el bolsillo desde el minuto uno. El actor destaca que trabajar una obra de Galcerán “es un regalo porque construye personajes muy reales, muy vivos, muy humanos, es decir, llenos de contradicciones como somos todos”. Su personaje, concretamente, tiene un recorrido emocional enorme que le permite pasar por todos los estados: risa, llanto, desesperación, duda, sorpresa, rabia, etc. Cree tener toda su vida controlada y planeada pero, de pronto, descubrimos que su vida no tiene esos cimientos sólidos que pensaba. Merlo puntualiza que “la vida tiene planes para nosotros y a veces aparecen de la forma más accidental”.
Ambos personajes combinan sus interacciones con unas llamadas de teléfono que, en nuestra opinión, abordan con tanta naturalidad que parece que al otro lado de la línea hay alguien dándoles la réplica. La función está aderezada con algunos momentos audiovisuales en los que se nos muestra un espacio latente y la breve acción que ocurre en él. Carlos Hipólito nos reseña una propuesta del director en el montaje y es que Gerardo Vera, al principio, “montó una cosa que es como una especie de planteamiento. Digamos que cuando empieza, ocurre una primera cosa que no es exactamente la obra, es como un preámbulo donde Luis y yo salimos a proponerle el juego al público. Sin hablar, sólo con la actitud”.

La obra es un no parar de sorpresas y giros que hacen que el público ría, aplauda y viva intensamente la situación con los personajes. El éxito no sólo lo da un texto brillante como el de Galcerán que está muy bien dialogado, sino también unas interpretaciones de sobresaliente. Creo que aún siguen de gira y visitarán Bilbao, Zaragoza o Melilla, entre otras ciudades. ¡Aprovechad!
Elena Viña con Luis Merlo
después de la rueda de prensa.
Elena Viña con Carlos Hipólito
después de la rueda de prensa.