martes, 29 de julio de 2014

Conociendo a Albert Boadella.

Una combinación de ópera, zarzuela, teatro y humor, esa es la propuesta que nos trajo Albert Boadella al Teatro Lope de Vega para finalizar la temporada con El pimiento Verdi. Es una obra con un gran componente musical, que hizo las delicias de los espectadores por el ingenio que demuestra el autor al ser capaz de enlazar todas y cada una de las composiciones más famosas de G. Verdi y R. Wagner.
La obra se desarrolla en un restaurante llamado «El pimiento Verdi», allí surge un conflicto entre los seguidores de los compositores y mediante unas formulaciones muy humorísticas expresan el contenido de las letras de las óperas con las que atacan a sus «rivales»: no faltarán platos de comida, una plancha, un filete, bebidas, etc. La disputa estará servida.
A. Boadella ha decidido para este montaje integrar al público en la función, para lo cual alrededor de unas diez personas pueden disfrutar de la obra desde las mesas del escenario. Con el fin de conocer más al dramaturgo y su obra, Albert Boadella nos concedió una entrevista.
Elena Viña con Albert Boadella después de la entrevista.
Pregunta: Esta obra gira en torno a un homenaje al 200º aniversario de los nacimientos de Verdi y Wagner, ¿cómo surge la idea de enfrentar a sus seguidores?
Albert Boadella: Surge de la realidad porque en Madrid hay un restaurante que se llama «El pimiento verde», su propietario es un melómano aficionado a la ópera y a la zarzuela y ha conseguido que muchos cantantes cuando salen del Teatro Real vayan allí y en medio de la cena empiezan unos aquelarres musicales. Yo he asistido alguna vez a estas cosas porque soy director de Teatros del Canal y cuando hacemos alguna cosa lírica los cantantes van allí. Entonces se me ocurrió la idea: este homenaje a Verdi y Wagner podía pasar en un restaurante en el que el propietario, muy aficionado a Verdi, le hiciese un homenaje [al compositor] pero hay una mesa que muestra su disconformidad con la grandeza que se le otorga a Verdi y dice que Wagner había sido mucho más importante para la música.
A partir de aquí hay un enfrentamiento entre los distintos cantantes. Unos parodiaban a los otros, los seguidores de Verdi se reían de Wagner -del tiempo que utilizaba en sus óperas- y los wagnerianos se reían de la falta de complejidad orquestal de Verdi. Lo que enfrentaba son dos concepciones musicales muy distintas, aunque hay puntos en común sin duda, dos concepciones de la vida y del arte. Diríamos que Verdi es un hombre que trata de confortar al espectador, en el sentido de que hace unas óperas que son agradables para el espectador aunque sean tragedias. Wagner quiere transformar al espectador. Wagner es un antisemita y Verdi es todo lo contrario, es un sionista.
Ese enfrentamiento, divertido sin duda porque las cosas hay que hacerlas con sentido del humor, termina en una «ópera de consenso» entre los dos grupos en la que el argumento es wagneriano pero las arias son de Verdi.
Pregunta: Como nos ha comentado, todo esto nace de la realidad, pero ¿realmente el enfrentamiento entre los dos bandos (y quizás, entre los compositores) era tan «violento»? ¿Existió?
A.B.: Existió. Mi padre que era muy verdiano, como lo soy yo también, había saboteado con un grupo de verdianos, en los inicios del siglo XX, óperas de Wagner en Barcelona. Había una gran pugna entre los partidarios.
Los compositores no se conocieron. Yo creo que podía haber una cierta admiración porque han sido dos grandes compositores: Wagner muy desmesurado en sus tiempos, en lo que duraban sus óperas, en las formas musicales; Verdi seguramente estaría en esta idea de complacencia hacia el público. Yo creo que entre los dos habría un reconocimiento. Como son dos cosas muy distintas que además aparecen paralelas casi en el mismo momento pues rápidamente parten a los espectadores. También pueden ser dos concepciones de carácter. Yo cuando veo a una persona siempre sé si le gusta Wagner o Verdi, hay mucha gente a la que le gustan los dos. Verdi debía ser muy agradable como vecino, a Wagner yo no lo hubiese querido como vecino de rellano.
Verdi trabaja los sentimientos humanos, Wagner tiene unos argumentos que podríamos entender como de ciencia ficción, es decir, el hombre es una especie superhombre, de semidioses, que por eso fueron tan queridos por el Tercer Reich. Por tanto, no está al nivel de los sentimientos corrientes de las personas.
Pregunta: Una cuestión de la función que nos suscita curiosidad es cómo se ha combinado la parte musical con la interpretativa.
A.B.: Aquí ha habido algo importante que es la cantidad de ensayos que yo he tenido con los cantantes. Normalmente en la ópera se ensaya poco porque la gente se sabe la partitura y ya está. He ensayado mucho con los cantantes para que la actuación y la interpretación sea tan importante en el cante como en la teatralidad. La gente pensará que son unos actores que cantan magníficamente o unos cantantes que actúan fantásticamente. Ellos son cantantes pero he conseguido este nivel de interpretación a través de muchos ensayos. Escogí cantantes que tuvieran una facilidad para la interpretación porque hay cantantes que son como un armario que no se mueven para nada.
Pregunta: En muchas ocasiones se le ha considerado, también por sus obras, el maestro de la provocación. Dentro de la obra desde luego se provoca a los wagnerianos que están en el restaurante, pero ¿ha provocado con esta función a los puristas de la ópera o a los puristas del teatro?
A.B.: No, a la gente de teatro le gusta porque es una obra agradable, en el sentido de que es musicalmente muy bella, arias muy bellas de Verdi y fragmentos bellos de Wagner que era también un gran compositor. Como se dice en la obra «tenía momentos sublimes y cuartos de hora insoportables», pero sí que los wagnerianos compulsivos dicen que esto es una frivolidad.
Dar relieve al antisemitismo de Wagner, en fin… hubo muchos judíos que fueron a las cámaras de gas con el hilo musical de Wagner. Claro que Wagner no era responsable pero sí que muestra una tendencia de su música y de sus argumentos… que no se puede hacer eso con Verdi.
Pregunta: Creemos que es genial que el teatro provoque y la gente se escandalice porque en eso consiste el arte, ¿no?
A.B.: El arte es siempre una provocación emocional, si el arte sólo causa indiferencia pues pierde. El arte siempre enciende las emociones, que suelen ser controvertidas porque hay cosas que no nos gustan al inicio y después terminan siendo formidables. Seguramente si hubiese estado a finales del siglo XIX en París, pues hubiera abominado contra la torre Eiffel y, como con Wagner, se ha demostrado que tiene una belleza y ha terminado formando parte.
Por tanto, Eiffel el ingeniero realmente hizo una provocación, que al final ha terminado siendo muy bella. Aunque no todas las provocaciones tienen este mismo final.
Pregunta: Toda provocación, sobre todo la de esta obra («El pimiento Verdi»), termina siendo aceptada, en parte, pasando por el humor ¿no?
A.B.: Sí, porque el humor es la distancia frente al fanatismo. Siempre he dicho que lo que más nos separa de los animales es el sentido del humor. Pueden divertirse y jugar pero no tienen sentido del humor, que es el sentido de la distancia sobre sí mismos. Es una capacidad estrictamente humana.
Cambiando un poco la dirección de la entrevista destacamos parte de su labor teatral: 
Pregunta: Albert Boadella es hombre de teatro (actor, autor y director) y fundó la compañía Els Joglars porque no estaba conforme con el teatro de su época. ¿Cómo ve usted ahora el teatro? ¿Qué cambios encuentra cuando vuelve la mirada al pasado?
A.B.: Si vuelvo la mirada me encoge una nostalgia feroz, yo he vivido con Joglars unos años de una enorme utopía. Los treinta últimos años que viví con Joglars -de un total de 51 años- son una cosa que hace que una persona se sienta compensada por todo. Vivimos unas experiencias maravillosas, de comunicación con el público, de integración en la sociedad porque traspasábamos las paredes del teatro. La forma de trabajar, el lugar donde trabajábamos, en el campo, en lugares preciosos, etc., la relación que había entre nosotros es una utopía.
Pero todas las cosas tienen un final y me gusta acabar las cosas sin decadencia. Me gustó acabarlas cuando estaba arriba y cuando encontré una persona capaz de seguir, mejor que yo por virtud y talento, le pasé el relevo.


Pregunta: Sin duda, ha logrado consolidar la compañía como una vía complementaria al teatro de aquella época. Además se ha seguido luego alimentando para seguir ese camino.
A.B.: Yo creo que Els Joglars abrió en España, especialmente en los años 70, una vía teatral con unas expectativas teatrales que en aquel momento no existían. Fue precursor de unas formas de teatro que mucha gente siguió, con vías paralelas a este trabajo y de aquí surgieron muchos otros grupos, incluso una concepción de teatro un poco fuera de lo convencional. Els Joglars en este sentido ha marcado una pauta indiscutible.