miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un "Don Juan Tenorio" que no dejará indiferente a nadie. Entrevistas a José Luis García-Pérez y Juan Manuel Lara.

Durante 10 días Sevilla tiene el lujo de disfrutar de una nueva propuesta teatral de “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla, que estará hasta el día 30 de noviembre. Una producción enorme, con la implicación de tres ciudades, una propuesta rompedora y una lectura muy diferente del texto (sin sufrir modificación alguna). Blanca Portillo quiere llamar “a Tenorio por su nombre” y lo ha conseguido. Habrá muchos Tenorios pero ninguno se va a parecer a este. Quien vea esta obra sabrá que estará presenciando algo único. Muy intrigados por lo que subirá a las tablas tuvimos el placer y el privilegio de hablar con dos de los actores que componen el elenco: José Luis García Pérez (don Juan Tenorio) y Juan Manuel Lara (el Comendador, Gonzalo de Ulloa).
Después de la entrevista con José Luis García Pérez.
Pregunta: ¿Es la primera vez que trabajas con Blanca Portillo?
José Luis García-Pérez: No, hicimos La Avería que también se representó aquí en el Lope de Vega, un cuento de Dürrenmatt versionado en obra de teatro y este es el segundo montaje que hacemos juntos.
P.: Conociendo entonces cómo trabaja Blanca Portillo, lo peculiar y lo grande que es, ¿os ha sorprendido la propuesta de este Tenorio?
J.L.G-P.: Es que este Tenorio nadie, nunca, jamás en la historia de los Tenorios ha visto este Tenorio y yo creo que contamos la historia de don Juan Tenorio de verdad. Yo llevo implicado en este proyecto desde que nació de gira con La Avería, decidimos que queríamos llamar a Tenorio por su nombre. Entonces no me sorprendió porque he mamado de ello y es parte de mi vida. Sí va a sorprender mucho a los espectadores. Mucho. Muchísimo.
P.: He podido ver fotografías de la escenografía y vestuario, me han sorprendido porque no estamos acostumbrados a algo así cuando hablamos de Don Juan Tenorio.
J.L.G-P.: No hay plumas, espadas ni nada por el estilo. Esto es una obra contemporánea, con el texto de Zorrilla íntegro y viendo lo que dicen los personajes, que son personajes que matan a gente, que violan, que desprecian al ser humano. Eso es lo que vemos ahí.
P.: Demostrar que no era tan donjuán como pensábamos…
J.L.G-P.: De hecho, el donjuanismo es hasta una enfermedad psicológica. Pero que cada uno le ponga el calificativo que quiera al personaje (risas).
P.: No podemos negar que el uso que hace Zorrilla de la lengua es maravilloso y esta versión de Juan Mayorga lo potencia.
J.L.G-P.: Efectivamente, aquí además toca muy poco. Lima algunos ripios en los que cae Zorrilla pero poco más. Creo que es la versión más extendida del texto porque siempre se suelen cortar muchas partes. Aquí no hemos cortado prácticamente nada. Dura dos horas y veinte.
P.: Volviendo a leer el texto de Zorrilla y viendo la propuesta teatral, me ha llamado la atención que hay un personaje que se llama “La mujer” que no aparece en el texto original…
J.L.G-P.: Sí, hay un par de personajes que no aparecen en el texto de Zorrilla: uno es un niño que aporta el punto de vista de toda la historia, que es Miguel y que aparece al principio con Butarelli. Lo mantenemos a lo largo de toda la obra y va a dar un punto de vista importante sobre lo que ve que ocurre en la función.
Luego está “La mujer” que está embarazada, que puede representar muchas cosas pero antes que contarlo prefiero que veáis la obra porque no quiero dar pistas (risas). Puede ser muchas cosas, como la madre de Juan que no aparece por ningún lado, los hijos perdidos, las mujeres vendidas y embarazadas...
P.: Un poco todo lo que ha ido sembrando don Juan en su camino…
J.L.G-P.: En cualquier caso es también el punto de vista de la mujer, que además canta. Hay unos cambios de escenografía brutales y durante esos cambios ella canta. Lo que canta, que eso sí que es texto de Blanca Portillo y de Juan Mayorga, es su punto de vista sobre lo que está ocurriendo sobre el escenario.
P.: Sin duda, esta obra ha sido contemplada y construida teniendo en cuenta el punto de vista femenino en todos los sentidos. Dirigido por una mujer y enfocado hacia la mujer…
J.L.G-P.: Absolutamente femenino. Bueno, femenino o masculino bien entendido porque yo lo veo desde un punto de vista masculino bien entendido, no de machote y malote, que malote se queda corto para lo que era este hombre.
P.: ¿Esta perspectiva que no pierde de vista lo femenino podría ya venir apuntada por José Zorrilla?
J.L.G-P.: Es muy curiosa la relación de Zorrilla con la obra. Durante mucho tiempo la detestó porque no existía el derecho de propiedad intelectual. Ha sido la obra más representada en la Historia del teatro español pero no veía ni un duro de la función. Pero sí llega a decir en un momento dado que la luz a la función se la da Inés y la oscuridad don Juan. Creo que eso es lo más cercano porque después lo que hemos visto es que la luz se la daba don Juan con lo de que era un galán que enamoraba a la gente…
P.: Una de las cosas que siempre me ha creado curiosidad es que es el único Don Juan de la tradición que se va transformando a lo largo de la obra. Estaban la obra de Molière o la ópera de Mozart y siempre el personaje se mantenía igual…
J.L.G-P.: Sí, además lo matan, acaba muriendo sin redimirse. En esta función de Zorrilla se redime en el texto, no en nuestra función.
P.: Blanca Portillo ha ido un paso más allá sumado a lo que ya inició Zorrilla.
J.L.G-P.: Sí, yo creo que le añade una visión que, al fin y al cabo, es el trabajo de un director: añadir una visión personal a lo que ya está escrito.
P.: Lo humaniza, le quita todo ese halo que ha acompañado a este personaje a lo largo del tiempo hasta convertirlo en un mito.
J.L.G-P.: Humanizado absolutamente y en la forma nuestra de decir el texto también. Además una cosa importante es que no sólo se cuenta la historia de don Juan, sino de todos los personajes. Hay muchos detalles en todas las escenas de los otros personajes, que cuentan historias de cada uno. Cada personaje tiene su historia, cada personaje tiene su final.
P.: Esa evolución en la historia de que don Juan es un canalla y después toma conciencia de su propia maldad, que se redime con el amor, consigue el perdón… está presente en el texto, pero en este espectáculo podríamos intuir que hasta ahí encontraremos algo diferente, ¿no?
J.L.G-P.: Sí. Yo creo que Juan lo que tiene es miedo a morirse, con muchos fantasmas que son su conciencia. Al final es todo fachada y cuando el interior está vacío… cuando el exterior se va a acabar, la muerte da mucho miedo.

No sólo descubriremos cómo es verdaderamente don Juan, así pudimos comprobarlo charlando con Juan Manuel Lara.
P.: Va a sorprender porque tenemos un “Don Juan Tenorio” en nuestro imaginario colectivo que es diferente a lo que planteáis. ¿Ha costado entrar en la propuesta?
Juan Manuel Lara: Cuando te dicen “vas a hacer el Comendador” tienes ya una imagen en la cabeza que es lo que has visto: un hombre con gran honor, robusto, etc. y Blanca Portillo te da una imagen diferente. Entonces empezamos a trabajar con ella talleres de sexo y violencia, por ejemplo. También empezamos a trabajar nuestra propia conciencia, por ejemplo, en mi caso, ese padre… el Comendador ¿qué tipo de relación tiene con su hija?
Empiezas a ver de pronto en el texto cosas que no veías antes. Él es un hombre que mete a su hija en un convento, la ha hecho ignorante porque ella tiene la inocencia de la ignorancia. No sabe nada, le ha metido una persona para que la prepare para el casamiento. No la ha dejado vivir. No es un hombre que la esté protegiendo, sino que la está encerrando no sólo físicamente, también mentalmente. No deja que conozca la vida.
En ese sentido, conociendo esto, ya empieza a cambiar tu personaje y ya no se puede interpretar igual. Él llega a una situación peligrosa en la hostería, de incógnito, no puede llegar ahí engrandecido diciendo “¡soy el comendador!” porque es mayor y tiene que llegar con otra actitud.
Tú vas viendo pedacitos de tu personaje que se va construyendo de otra forma y una vez que ya tienes todo eso de tu personaje… el texto ya no eres capaz de decirlo de otra forma. Ya cambia.
P.: Entonces a su personaje también se le ha desenmascarado.
J.M.L.: Claro, es que ha concertado una boda con él (don Juan) sin que lo sepan él ni doña Inés. Sólo lo sabe el comendador y el padre de don Juan. Es una barbaridad y cuando se analiza al personaje descubres cosas con las que quedas impactado.
Blanca Portillo nos ha ido empujando a ese camino y ahora soy incapaz de leer el Tenorio con la otra visión anterior a esta propuesta.
P.: Como anteriormente he comentado con José Luis García-Pérez, Blanca Portillo ha ido un paso más allá de lo que ya propuso Zorrilla de diferente en su obra respecto a la evolución de los personajes.
J.M.L.: Blanca ha sacudido este mito del don Juan que tenemos instalado en la cabeza pero sin conocimiento, casi inconsciente. Nos ha enamorado incluso la misma palabra “ser un donjuán”. Blanca ha cogido ese árbol, lo ha sacudido y ha caído todo. Ha quedado el ser humano en esencia y ha hecho desaparecer el mito de don Juan y ha salido el ser humano, la conciencia, la muerte, la soledad y la nada. Cuando muere no suenan clarines, no suena nada.

Sin duda, esta obra sorprenderá desde el principio hasta el final. 
Muchas gracias por vuestro tiempo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Siempre hay una carta más.

¿Ganar o perder la partida? No lo sabremos hasta que no giremos esa última carta que tenemos en nuestras manos. La vida es un constante juego en el que hay que tomar decisiones, sólo así conseguimos avanzar. Miguel Rellán, Ginés García Millán, Luis Bermejo y Jesús Castejón son los cuatro palos de esta baraja que nos puso sobre el escenario del Teatro Central de Sevilla Pau Miró con su obra “Jugadores”, de la que es también el director.

Los cuatro hombres se reúnen en la casa (concretamente en la cocina) de uno de ellos para jugar al póquer, beber y hablar de los reveses que la vida les está dando. Es una función que nos plantea en un tono de comedia ácida la realidad que muchas personas viven. Al principio no sabemos muy bien por dónde van los tiros, sólo nos queda entregarnos a los diálogos y dejarnos sorprender.

De izquierda a derecha:
Ginés García Millán, Miguel Rellán, Jesús Castejón y Luis Bermejo.

Jesús Castejón encarna a un barbero, cuya seguridad laboral y amorosa pende de un hilo. Luis Bermejo es el actor que sigue confiando en las esperanzas del ‘para nuestro próximo montaje contaremos contigo’ y que se ha entregado a los vicios. Ginés García Millán es el enterrador, un hombre con un carácter peculiar y enamorado de una prostituta. El profesor de matemáticas es Miguel Rellán, quien dota a su personaje de una ternura exquisita. Ahogado por las deudas y por un desagradable incidente parece no comprender las cartas o pistas que la vida le va poniendo sobre sus manos.

Los personajes no tienen nombre y se llaman unos a otros por sus oficios. Poco importa cómo se llamen, pues nos interesa ver ese reflejo de nosotros mismos, del ser humano, de la vida. Son la viva imagen de la desesperación unida a la tristeza. Cuatro hombres muy diferentes pero que les une la tragedia de sentirse solos, el haber perdido todo el dinero en el casino... Sólo se tienen los unos a los otros porque en el fondo saben que son su única familia.

No hay misterio o duda que uno tenga y que no puedan resolver cualquiera de los otros tres y así, en comunión, acuerdan cometer esa locura que podría salvarles o condenarles para siempre. Una de las grandes tragedias emocionales del ser humano es la de no ser capaces de tener sentido del humor, por eso esta obra te muestra la verdad a golpe de humor inteligente y ácido. Ríes pero por dentro piensas: “¡qué razón tiene!”
“Si te miras al espejo, puedes ver el futuro” dice el profesor de matemáticas (Miguel Rellán) en un momento de la función. ¿Te gusta lo que ves? ¿Apostamos una carta más? A ver qué sale. Quién sabe, quizás tengamos suerte.