martes, 2 de diciembre de 2014

Lo que nunca quisimos ver de Tenorio pero siempre estuvo ahí.

Nos acercamos con mucha curiosidad y nervios a la propuesta que ha planteado Blanca Portillo para la obra “Don Juan Tenorio” de José Zorrilla. Juan Mayorga se ha encargado de hacer la versión pero no se ha alterado una sola coma del texto original, se han respetado las rimas, las pausas versales, si acaso eliminado algún ripio… de hecho, es la primera vez que se pone sobre las tablas el texto íntegro de Zorrilla.
Si uno iba buscando en esta función plumas, capas, espadas o la mítica escena del sofá entre Don Juan y Doña Inés, encontrará de todo menos eso. Esta propuesta es una vuelta de tuerca, una lectura diferente del texto, completamente distinta a lo que estamos acostumbrados a ver. Desmontar el mito, desenmascarar a Don Juan indagando en la profunda significación del texto sin alterarlo lo más mínimo es todo un acto de heroicidad.
Fotografía de CfLópez.
Un texto si ya no tiene nada más que ofrecer en materia de significación y puesta en escena poco a poco va perdiendo vida. Blanca Portillo y todo su ejército de titanes sobre el escenario nos demuestran que el texto de Zorrilla aún da para mucho más.
La gente va a ver cosas nuevas en esta función que no ha visto antes en otro Tenorio. Una de las cosas que han incorporado al texto es el punto de vista de dos personajes sobre lo que esté ocurriendo en escena: uno es La Mujer, que canta durante los cambios de actos y escenas. El otro personaje es Miguel que aparece al principio en la taberna con Buttarelli pero que en esta función tiene otro tipo de desarrollo, es el personaje que ve lo que ocurre y toma sus propias decisiones para el final de la función.
Llegas al teatro y te encuentras con una escenografía grande pero, en apariencia, sencilla, en tonos fríos, con dos lunas muy simbólicas… aunque muy funcional todo para que los cambios fuesen fáciles de realizar. Dichos cambios están unidos a una serie de canciones, firmadas por Blanca Portillo y Juan Mayorga.

“Don Juan Tenorio” es la obra más representada de todo el teatro español y tenemos en nuestro imaginario colectivo una serie de características unidas a este personaje: un galán capaz de encandilar a todas las mujeres, que parece haberse ganado el respeto de los que le rodean, etc.
Pero si analizamos sus palabras es un ser que se recrea en la lista del gran número de muertos y mujeres vendidas que ha dejado a su paso, ¿cómo hemos podido sentirnos orgullosos de un personaje así? ¿cómo ha podido convertirse en el “héroe español”? Es un hombre que engaña y desprecia, pasa por encima de todo y de todos. La razón atropella, la virtud escarnece, a la justicia burla y a las mujeres vende. En todas partes dejó memoria amarga de él. Estas palabras del propio don Juan dan para pensar, ¿verdad?
Blanca Portillo limpia la visión mitológica que teníamos de ese ser, mostrando cómo realmente es. Pues ya quizás lo dio a entender Zorrilla cuando dijo que la luz a su obra se la daba doña Inés y la oscuridad se la da don Juan. Hay matices llamativos que resultan de interés en esta visión, pues arrasa con el romanticismo, destaca la sexualidad y salpica algunos pasajes con toques de humor, como el momento de lectura de la carta que don Juan le escribe a doña Inés, que es para quedarse con la boca abierta por lo que nos descubren con la actitud y la forma de interpretar el texto.
Fotografía de CfLópez
Dentro de este marco, de esta propuesta y la impactante puesta en escena tenemos a los personajes:
Don Juan es interpretado por José Luis García-Pérez de manera magistral. No es fácil cargar con el peso de un personaje principal en una función como esta y ahí está, dejándose la piel para convencernos de que detrás de todo hay un canalla, un asesino y que “no, no hay perdón para mí” –en un atractivo juego de ruptura de la cuarta pared-.
Una inocente, dulce, acertada y jovencísima Doña Inés crece y evoluciona, hasta sorprender en su final, en la figura de Ariana Martínez. La interpretación de Beatriz Argüello dando vida a una Brígida impactante es digna de destacar.
Miguel Hermoso es Luis Mejía: un actor con una fuerza aplastante que, aunque vemos que su personaje es al principio otro don Juan, también es despojado de su máscara y pasa a engrosar la lista de los agraviados.
Es que ningún trabajo actoral en esta obra tiene desperdicio: Eduardo Velasco como Ciutti, Juan Manuel Lara como Gonzalo de Ulloa, Rosa Manteiga como abadesa y el resto del elenco (Raquel Valera, Francisco Olmo, Marta Guerras, Alfredo Noval, Alfonso Begara, Luciano Federico, Daniel Martorell) dan sentido a todo el conjunto. Me quito el sombrero ante ellos.
Con este Tenorio habrá un antes y un después. Aquí no se trataba de cambiar el final ni remodelar el texto para que dijese otra cosa, no se trataba de forzarlo para encajar la propuesta ni vengarse de don Juan con una muerte diferente o encarcelarlo… La magia está en que sobre el mismo texto original de Zorrilla, tantas veces visto y leído, han indagado hasta descubrir lo oculto, la verdad. Y sólo así, con la verdad, todos ellos y doña Inés estuvieron listos para sentenciar.

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