sábado, 7 de febrero de 2015

Entrevista a Javier Gurruchaga y Jorge Roelas.

Pluto, como comenta la directora Magüi Mira en el programa de mano, es una obra sobre la utopía del reparto justo de la riqueza. Una obra escrita hace veinticinco siglos que para nada ha quedado anticuada, quizás ahora está más vigente que nunca. Una sátira que dispara con contundencia para despertar al espectador e invitarle a la reflexión. Hace que seamos “ahora contemporáneos de Aristófanes”.
Hemos tenido el inmenso placer de conversar con Javier Gurruchaga y Jorge Roelas sobre la obra, sus personajes, la situación actual que nos conecta con aquel Aristófanes. Con compromiso y pasión por lo que hacen, con indignación por el daño que recibe la sociedad y la cultura, así se mostraron:
Pregunta: No es la primera vez que ambos actores actúan en el Teatro romano de Mérida, Javier Gurruchaga ya pisó ese maravilloso escenario con Golfus de Roma y Quo Vadis y Jorge Roelas con las obras Golfus de Emérita Augusta y Anfitrión¿Cómo os llegó el proyecto y cómo es volver a actuar en Mérida con Pluto?
Javier Gurruchaga: A mí me llamó el productor (Jesús Cimarro) y me dijo que tenían un Pluto con Magüi Mira y ella quiere darle una vuelta de tuerca maravillosa, incorporar canciones… Yo había visto, recientemente además -y me gustó mucho-, Kathie y el hipopótamo, ese tratamiento de ilustrar con música, porque no es un musical al uso, sino que es un complemento. Hicimos unas canciones con un lenguaje de hoy, son cosas de hoy y de siempre pero no con unas canciones de la época cretense con flautas de madera, sino con blues, góspel. Cantan todos, yo canto un rock maravilloso tipo Tina Turner, con el lenguaje de hoy y contando lo que quería denunciar –y a veces le costaba hasta el puesto y la subvención de los mecenas de la época- el propio Aristófanes.
Ir a Mérida de nuevo, por tercera, con un “musical” y con una versión de Emilio Hernández con la que yo estoy encantado. Es un reto y una maravilla intervenir ahí. Nos ha llevado seis meses largos de preparación de las canciones, de ensayos y al final llegó el día, con los nervios, estrenamos en Mérida y fue todo un acontecimiento. La gente está reaccionando muy bien. También porque es un lenguaje de hoy, con una historia muy actual que conecta rápidamente la antigüedad clásica griega con lo que estamos viviendo por la estupenda traslación que ha hecho Emilio de este Pluto de Aristófanes, incorporando elementos de otras obras. Cómo no va a estar uno contento con semejante proyecto.
Además coincidir con Jorge y todos estos estupendos actores de los que siempre terminas aprendiendo, cantando canciones, denunciando con humor, que es una vis humorística que siempre hemos tenido. Es como estar en casa y no diciendo tonterías, sino diciendo algo que escuece un poco.
Jorge Roelas: Para mí Mérida es un sitio muy especial, un sitio en el que tuve la suerte de estar siendo muy joven –con 23 años-, volví hace dos años con Anfitrión. Posiblemente haya muchísimos teatros en España pero este es especial, diferente. Ninguna experiencia se puede comparar. No es que las demás no sean buenas, las demás son maravillosas pero esta es excepcional por el sitio y el marco donde representas. Esa energía de tantísimos siglos… que han podido ver esa misma función hace veinticinco siglos. Lo que saben esas piedras… y lo que han oído… es tremendoQuerer dedicarme a esta profesión y poder estar en este tipo de sitios, además con personajes que tienen peso y que tienen mucho importante que decir dentro de la función, es que te sientes que te ha tocado la lotería.
P.: Además este teatro de Mérida es uno de los pocos escenarios que sigue conservando su función primera, que es la de albergar representaciones teatrales y una obra con tantos siglos de antigüedad, que sea tan escalofriantemente actual, hace pensar que el ser humano no ha cambiado nada, ¿no? Hemos dejado de vestir togas y pasado a llevar chaquetas… pero sólo eso.
J.R.: La bondad y la maldad siguen y la falta de tolerancia que hay en el ser humano hacia el otro, la indiferencia, la falta de escrúpulos. Hace poco vi un vídeo: en un poblado de niños africanos hacían una carrera y al que ganaba le daban una comida muy especial. El niño que ganó llamó a los otros niños que habían participado para compartir la comida. Le dijeron: “Si es una cosa para ti… que has ganado tú” y el niño dijo: “pero lo interesante de tener algo es poder compartirlo. Yo he llegado antes pero todos hemos hecho el mismo esfuerzo”.
Es la filosofía de un tipo de ser humano y de una cultura que no está en el abuso de los demás, sino en el compartir las cosas. Luego está la filosofía del abuso, de los seres humanos que piensan que son más que otro y te tienen que pisar el cuello. Ellos piensan que viven de maravilla, yo pienso que es un castigo. Una persona que es así es lo peor que se puede ser. Que tu riqueza sólo sirva para que seas rico tú o cuatro como tú es tremendo.
J.G.: Es de una pobreza escalofriante. Ayer veíamos unas imágenes: Tsipras de gira por Europa, la del Fondo Monetario Internacional, queman en una jaula a un señor… Yo creo que estamos peor que hace veinticinco siglos. Mucha tecnología pero más solos e incomunicados… quemando, matando, con bombas… Y todo el mundo mira para otro lado.
J.R.: Si en vez de las guerras hubiéramos hecho una mezcla de culturas y una fusión y enriquecernos con la cultura de los demás, las fronteras no serían necesarias. Si el hombre tuviera esa capacidad de mezclar, de ofrecer lo que tenemos como seres humanos, lo que tú sabes y lo que yo sé... Lo que pasa es que lo que se valora es el oro, los diamantes, el petróleo… eso es lo que parece que tiene más valor. La gente se pega por esas cosas y no estamos basando la vida en el intercambio que puede haber entre las personas por la sabiduría que pueda tener cada uno.
J.G.: Existe un empobrecimiento total de los valores, hasta un horterismo y un mal gusto… Te pongo un ejemplo, hablamos de cultura y de lo que han hecho con la figura de Tutankamon: pegarle la barba al rostro con pegamento. Igual la persona que realizó la figura se tiró años haciendo el acabado... pues ahora lo han pegado con pegamento. Ese mal gusto, esa ignorancia por la cultura, el derruir museos, el todo vale, robar… todo lo que estamos viendo ahora es alucinante. Estamos retrocediendo mucho en muchas cosas para peor.
P.: A nivel de recepción, ¿habéis tenido como público a personalidades de la política?
J.R.: ¿A cuántos políticos has visto en el teatro? En Mérida estuvo Monago en el estreno porque apoya el Festival de Mérida. Festival que creo que debería ser apoyado por el Gobierno central. No se conoce este Festival con la dimensión que debería tener y que merecería tener. Uno conoce el Festival de Edimburgo, por ejemplo, porque hay promoción y potencian su cultura. ¿Qué políticos ves? Los ves en el fútbol pero no en el teatro, ni en el cine… no vienen ni los que trabajan en Cultura.
J.G.: A mí me llegó la información de que algunos políticos a los que algunas partes de la función que les rozaban un poquito. Eso era lo que pretendía Aristófanes. Aquí hay para todos. Aristófanes en esta función deja abiertos varios finales y da fuerte a varios estamentos de la sociedad pero el reto del espectador está en que debe sacar sus conclusiones. Deberían invitar a los políticos a ver la función y que ellos mismos también saquen sus conclusiones porque, en ese sentido, esta obra está muy viva.
P.: Una de las cosas que siempre me gusta conocer de los actores es el modo en que preparan sus personajes, desde qué posición afrontáis el reto de la creación de un personaje. En este caso Jorge Roelas es Carión y Javier Gurruchaga hace dos: el dios Pluto y la Pobreza.
J.R.: Yo tuve mucha suerte cuando hice Seis personajes en busca de un autor porque ahí me quedó de manera clara que un personaje te necesita a ti como actor para tener vida. Y que ese personaje tiene unas necesidad que no son las tuyas, son las de él mismo. Tú tienes la obligación de hacer y de contar la historia que él trae para que tenga vida. Ese es el compromiso que yo adquiero siempre cada vez que desarrollo un trabajo, el compromiso lo mantengo sobre todo con el personaje y con la historia que se va a contar. Yo no tengo que dar mi punto de vista de lo que hace el personaje, voy a contar lo que le pasa al personaje. Siempre parto desde ese compromiso. Contar la historia, ser generoso con mis compañeros porque ellos son parte de la historia y entre todos la vamos a contar.
El compromiso con mi personaje porque tiene una necesidad de decir esas palabras, es como si fueras un médium. El personaje es una cosa etérea, algo que no puedes tocar, es una personalidad que tú tienes que adoptar para desarrollarla en un escenario. Ver que todo está en el texto porque el texto dice muy claro cómo eres tú. Estudiarlo y atender mucho a las indicaciones de la directora –Magüi Mira-, que tiene una idea muy clara y concreta, y con muchísimo respeto hacia su montaje.
J.G.: Mis personajes, son tan Jekyll y Hyde... He recurrido al lenguaje de la sociedad, la televisión, las películas, incorporar elementos que están al servicio del texto y con las indicaciones de Magüi pues tenemos un Pluto más bobalicón y la Pobreza está en la iconografía nuestra desde niños, películas fascinantes de ficción y terror que me gustaban de dibujos animados: Blancanieves y los siete enanitos… esa bruja que luego en cine hemos visto.
El referente está desde ahí. Es echar mano del archivo pero en la vida misma también existen esos personajes. Hemos hecho una fabulita que en este caso no es de Esopo, sino de Aristófanes y me he divertido mucho contrastando, separando y no confundiendo las risas de uno con las de la otra.
P.: El público sale habiendo pasado un rato estupendo en el teatro y con unas cuantas reflexiones rondándole la cabeza. ¿Qué os lleváis vosotros cuando termináis cada función?
J.R.: Una inmensa suerte de poder hacer este trabajo. Cuando uno desea desarrollar un trabajo y poder hacerlo con este tipo de historias y personajes que son comedia, con música pero que tienen mucho fondo... poder desarrollar eso es de una gran satisfacción. El cansancio es muy relativo. Cuando me dicen “¡qué dura es tu profesión!”, digo que duro es picar y hacer carreteras. Esto es otro tipo de dureza, es más riqueza, es otro tipo de trabajo que evidentemente te cansa física e intelectualmente pero te retroalimentas de todo eso. Sientes que has movido cosas y hay a quien ha picado lo que has dicho. Tiene que ver con la labor que creo que tenemos los actores: mover mentes e impedir que destruyan nuestro sector.
Estoy muy enfadado con el tratamiento que han dado los políticos de este país a nuestro sector, es de una bajeza impresionante cargarse un sector cultural de esta manera... no se puede perdonar. Yo soy una persona que abogo por el perdón pero es muy difícil perdonar esto. Sobre todo no olvidar este maltrato hacia algo tan importantísimo como es la cultura. Pero la satisfacción de poder hacer esto es impresionante porque, dentro de lo mal que está el sector, tengo la suerte de hacer algo interesante. La satisfacción es plena.
J.G.: Yo coincido también con Jorge. El poder trabajar y vivir y poder ser otros personajes, salir de la realidad cotidiana… Nosotros tenemos la posibilidad de, por lo menos un rato, jugar a vivir un sueño, una fantasía, una ficción. Ser actor es un gran regalo. Rozas un poco la conciencia de la gente, picas un poco, satirizas, te ríes, participas… pues eso es una maravilla. Con la que está cayendo, una profesión tan ninguneada, es un regalo caído del cielo estar en esta profesión y hacer papeles que tengan enjundia, caña y en este caso se da eso con Pluto. Esto es lo que tiene el teatro de maravilloso, es fascinante ser otros personajes, ser otros yoes, salir de la rutina y si encima es un Aristófanes bienvenido sea.
Con Jorge Roelas y Javier Gurruchaga tras la entrevista.

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