viernes, 13 de marzo de 2015

"Somos muy frágiles y tenemos que vivir el día a día".

Tina Sainz vuelve a pisar los escenarios –la última vez fue con La marquesa de O- con El hijo de la novia de Juan José Campanella interpretando a Norma, una mujer que padece la enfermedad de Alzheimer. Garbi Losada dirige esta función y en el escenario junto a Tina están: Álvaro de Luna, Juanjo Artero, Sara Cozar y Mikel Laskurain.
Es una obra que se mueve entre la risa y el llanto. Rafael no está conforme con la vida que lleva, no puede conectar con sus cosas ni con la gente. Inmerso en una terrible crisis económica y de valores, dedica 24 horas al día a sacar adelante el restaurante fundado por su padre. Está divorciado, ve muy poco a su hija, no tiene amigos y elude comprometerse con su novia. Además, desde hace mucho tiempo no visita a su madre, internada en un geriátrico con Alzheimer. Pero una serie de acontecimientos inesperados le desequilibra. La historia de amor de sus padres y la aparición de su amigo, cosas ambas que en principio vive como un problema, acabarán siendo el revulsivo para volver a hacerse con el timón de su vida.
Amable, sencilla, Tina me pide que la tutee y así arrancamos una conversación cercana, de tú a tú. No deja de sonreír y en sus ojos vemos la pasión que en ella despierta su profesión.
Pregunta: Esta obra tiene un componente emocional fuerte porque, además, tu personaje padece la enfermedad de Alzheimer. ¿Ha sido muy difícil construirlo?
Tina Sainz: Me ha resultado muy difícil. Yo tengo que estar durante toda la obra, e incluso un rato antes de empezar, aislada sentada en una sillita –que la llaman la “residencia”-. ¿Dónde está Tina? En la residencia. Al fondo del escenario, sentadita y asilada completamente para vaciar la cabeza de cualquier idea.
P.: Para conocer a este personaje, ¿te has servido de la realidad conociendo casos de enfermos?
T.S.: No. Yo no he querido entrar ahí. Lo he ido haciendo con las indicaciones de la directora –Garbi Losada-, como la fragilidad y luego trabajar con la sensación de cuando me vendaron los ojos. La sensación de no percibir la realidad y a partir de ahí, entrando por ese camino, hago un ejercicio todos los días de vaciar la cabeza. Por ejemplo, no puedo pensar “¡qué frío hace!”. Vacío completamente. Cuando salgo al escenario no sé dónde estoy realmente.
Tina Sainz con Álvaro de Luna en un momento de la obra.
Fotografía de David Ruano.
P.: Ha trabajado entonces generar la emoción y la sensación desde el exterior, a partir de lo físico… pero ¿hay algo de método para este personaje?
T.S.: Yo soy muy de método. Pero precisamente eso es. Las emociones –porque lo que esta mujer percibe son momentos de emoción- tienen que ser del método, de verdad. Ella percibe una mirada pero lo tiene vivir de verdad, es decir, cuando dice “¿este quién es?” tiene que ser de verdad. Es muy complicado.
P.: Esta obra mezcla el tono de la comedia con el de la tragedia, ¿juega con el ritmo?
T.S.: Sí, pero hay que precisar. Desde hace unos años se confunde la comedia con el teatro de risa, intrascendente, de que hay que reírse mucho y todo tiene que ser muy deprisa. Esa no es la comedia. La comedia es El apartamento de Billy Wilder, ese es el exponente más grande la comedia, que es un trozo de la vida. Te estás riendo y estás llorando a la vez. Las situaciones son disparatadas como en la vida pero te provocan emociones, esa es la comedia.
Evidentemente el ritmo tiene que variar, tiene que ser el de la comedia pero en la vida no siempre vamos acelerados. Por eso te decía que ahora se confunde. El género de la comedia es El apartamento de Billy Wilder, En el estanque dorado de Ernest Thompson. Siempre pongo a este primero como ejemplo de la comedia más comedia y fíjate lo que hay detrás…, sin embargo te pasas la película sonriendo.
P.: Todos los personajes están persiguiendo sus sueños, tienen la urgencia por vivir. Tu personaje es el que pone en la obra el aquí y ahora, lo inmediato, pone un poco el freno, ¿no?
T.S.: Sí. Ella no sabe dónde está. Tiene una escena con el hijo muy bonita –en la que tengo que romper a llorar en una fracción de segundo- en la que ella tiene miedo, su hijo ahí se para, le vuelca todos sus miedos y se abrazan. Es precioso porque en ese momento nota que es su hijo. Luego su mente ya otra vez se va y todo sigue su ritmo.
P.: La respuesta del público está siendo muy buena.
T.S.: Impresionante. Yo me estoy asombrando porque a pesar de que pensamos que estamos haciendo una obra estupenda, teatros puestos de pie, gritando bravo… Nos sigue asombrando.
P.: ¿Qué aprendizaje te llevas con este nuevo personaje?
T.S.: He aprendido que el Alzheimer somos todos. Somos muy frágiles y que tenemos que vivir el día a día. Y esta sociedad está montada para machacarnos la sensibilidad, hacernos cada vez más vulnerables, para manipularnos cada vez mejor. Tenemos que vivir, decir que la vida es maravillosa y que no me van a quitar la ilusión y el entusiasmo. Eso me ha enseñado este personaje. Y que sí se puede.
P.: ¿Qué es el teatro para Tina Sainz?
T.S.: Va a hacer 55 años que me subí a un escenario. El teatro forma parte de mi vida, no suelo hacer muy seguido teatro pero cada cuatro años lo necesito. El teatro es la posibilidad de transmitir a los demás unas emociones e ideas a través de la palabra. Eso para mí es hermoso. Todos los días, en el escenario, salgo a ver la subida de telón porque creo que ahí es donde empieza la magia del teatro. Ahí hay una gente que ha venido a una convocatoria, sabiendo que yo no soy Norma –mi personaje- y dispuestos a creérselo. Eso es el teatro.
Con Tina Sainz después de la entrevista.

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