miércoles, 20 de mayo de 2015

Imprescindible paso por el agujero de 'The Hole 2'.

He ido a ver The Hole 2 al teatro… y estoy con este documento de texto dispuesta a contaros qué tal es… pero no sabéis cuán difícil es explicar con palabras qué es The Hole. Quienes hayan ido a verlo me entenderán… quienes no lo hayan visto… ¡ya están tardando! Eso sí, fuera problemas, fuera prejuicios y muchas ganas de pasarlo bien pase lo que pase dentro del teatro.
No es necesario haber visto la primera parte para poder introducirte en este segundo agujero. Atraviesas la puerta del teatro y ya está ocurriendo algo en el escenario: nos encontramos con el Hombre del Traje Azul que va dando la bienvenida a los que van ocupando sus localidades –y también suelta algún que otro comentario para provocar la risa y la sorpresa de los primeros en llegar-.
Fotografía realizada por Elena Viña.
Nuestro maestro de ceremonias ese día fue Canco Rodríguez, que aparece en el escenario después de una dura broma al público –cuando descubrimos quiénes son, dónde está Canco y qué es lo que ha pasado… nos arranca una gran ovación, caras de sorpresa y un pedazo de aplauso-. Pero ¡qué mal ratito…! Y ahí está ya el público… metido en todo el jaleo del agujero. El espectáculo no ha hecho más que empezar y nos quedan cerca de tres horas por delante para seguir con la boca abierta –tres horas que se hacen cortísimas-.
The Hole 2 es un despliegue de fuerza, talento y música en directo –que supone, sin duda, un plus en cualquier espectáculo-. Encontramos recreados sobre el escenario el mundo de La Revista, El Circo de Manolita Chen de la década de los 50-60 y una crítica social aderezada con muchísimo humor –humor de carcajada, del que te hace llorar de risa, ese humor taaan necesario en estos tiempos-. Realmente consiguen que nos olvidemos de todo lo que pueda estar ocurriendo fuera del teatro.
Y ¿dentro? ¿qué ocurre dentro? Se dan cita artistas de diferentes países para deleitarnos –además tenernos con el corazón en un puño y sin poder articular palabra- con impactantes números acrobáticos, strepteases, con actuaciones del Trío Sunrise, Gustavo Sartori o Marilén Ribot, entre otros.
Poco a poco se van dando cita sobre el escenario el maestro de ceremonias con estupendísimos monólogos, Madame Zoltar, María del Mar –Mary of the Sea-, El Gato Volador, un espontáneo Cupido… y es que el hilo argumental de The Hole 2 realizado por Álex O'Doguerty –porque esto no es una mera acumulación de números- es la historia de amor entre el maestro de ceremonias y su peculiar pareja –una ratita-. Cómo comenzó, qué problemas han tenido y cómo se resuelve lo conoceremos según vaya avanzando la función.

No hay un sólo momento de descanso –ni en el propio descanso, donde con un bingo puedes ser el ganador de un jamón- y el público es un personaje más de la función, plenamente activo al que se le invita a participar incluso son las redes sociales mediante el hashtag #sitetocotúmetocas donde sacamos la parte más atrevida y salvaje de todos nosotros –si bien ya nos la hacen sacar desde el principio-.
The Hole 2 es un espectáculo –con una puesta en escena fascinante- de obligada asistencia y participación… porque si pensáis estar quietos en la butaca no os van a dejar. Uno sale del teatro con la certeza de que ha visto algo espectacular, único y que nos mantendrá eufóricos unos cuantos días.

jueves, 14 de mayo de 2015

¿Qué pesan más: los agravios o los celos?

En Sevilla despidió la Compañía Nacional de Teatro Clásico las últimas representaciones de Donde hay agravios no hay celos de Francisco de Rojas Zorrilla. Tras casi un año de éxitos cerró las funciones con aplausos agradecidos, con un público feliz y entregado a unos actores y unos personajes que no dejaron indiferente a nadie. Yo he necesitado tomarme un tiempo para poder escribir sobre esta función, pues ha supuesto para mí una experiencia maravillosa como espectadora. He de reconocer que hacía mucho que no me lo pasaba tan bien con una obra clásica.
Rojas Zorrilla es un autor poco conocido actualmente por el público, a pesar del gran éxito que tuvo esta obra en su tiempo. Discípulo de Calderón, vemos en este texto características comunes que reunían las obras del Siglo de Oro pero algún que otro aspecto que la distinguen y que te llevan de la risa al asombro, enredando al espectador en los enredos –valga la redundancia-. Nos tiene enganchaditos hasta el final.
El planteamiento de la obra es bastante sencillo, típico del siglo XVII: Don Juan entra en enfados cuando ve a un caballero descender por el balcón de su amada, desatándose todo tipo de enredos sobrevenidos también por un equívoco de retratos, intercambio de roles amo-criado provocando situaciones hilarantes y algún que otro duelo… Doña Inés sólo conoce el retrato de su prometido y claro… si hay un error… imaginen la que se lía al rechazar casarse con él.
Fernando Sansegundo –quien también sube al escenario- firma la versión de esta obra que dirige Helena Pimenta, versión muy acertada al conseguir que el verso fluya de forma clara, casi como la prosa y resulte comprensible a todo el público –cosa que no es fácil conseguir-.
La puesta en escena es elegante y muy funcional –todo lo que van necesitando está escondido detrás de los paneles de las paredes-. Sin cargar la escena hay puertas, ventanas, puertas escondidas, vasos y cubos van y vienen, una cama que sirve para el momentazo del soliloquio de la criada, etc. Todo el espacio está aprovechadísimo en esta escenografía de Esmeralda Díaz. La iluminación de Cornejo es certera al potenciar las diferentes atmósferas que se van sucediendo con primeros y segundos planos, apartes… Y Tatiana Hernández firma un vestuario fabuloso.
Este montaje es de un ritmo frenético… con entradas y salidas de los personajes sin parar –con el consiguiente abrir y cerrar de puertas-, luchas de espadas que nos sobrecogen ante el enorme realismo –alguien se termina hiriendo de verdad, llegué a pensar-. Otro de los aciertos de la función es la transición de escenas –y resolución de otras- mediante la danza de época y similar al tango –coreografiados por Nuria Castejón-.
Un plus es la música en directo, Vadzim Yukhnevich al acordeón crea unas atmósferas preciosas y acompañada con su instrumento las partituras de movimiento de los actores. Una delicia contemplar algunas escenas con su acompañamiento de fondo.
En cuanto a los personajes tenemos a la doña Inés de Clara Sanchis, que aunque pueda al principio resultar muy histriónica termina encajándonos en el conjunto de la función. Eché de menos algo de garra al defender frente a su padre que “mi albedrío es mío” porque es un verso, creo, con mucho peso y que define a su personaje.
Natalia Millán tiene una presencia escénica indudable y consigue con la creación de su Ana de Alvarado mostrarnos a una mujer con carácter viniendo de Burgos para buscar al hombre que la burló. Especialmente magnética resulta la actriz cuando en la última escena empieza a cantar.
Jesús Noguero construye a su don Juan de Alvarado con suma elegancia y porte escénico, igual que Rafa Castejón que junto a Óscar Zafra y Fernando Sansegundo configuran los caracteres que nunca faltan en escena: el padre estricto aunque no tirano, el burlador burlado, el defensor de la honra, etc.
David Lorente está brillantísimo en su papel Sancho -criado de don Juan de Alvarado- y se mete al público en el bolsillo desde el minuto cero. Ha dotado a su personaje de una comicidad sin igual. Me atrevo a decir que los mejores momentos de la función, en los que el respetable ríe sin parar, son los suyos.
Nuria Gallardo está de escándalo en su papel de Beatriz -criada de doña Inés-. Sale al escenario pisando fuerte, convencida del maravilloso trabajo que tiene que ofrecernos… Una criada alcahueta, con mucha frescura que va creciendo con el espectáculo –el personaje, Gallardo ya es grande-, despuntando en un soliloquio ‘erótico-festivo’ con la almohada encima de una cama. Sin duda es uno de los grandes momentos de la función por lo que tiene de original –las criadas nunca gozaron de soliloquios en las obras clásicas- y lo divertidísimamente resuelto que está.
Es una función coral donde prácticamente ninguno de los actores tiene un papel protagonista, aunque todos tienen momentos estelares. Todos tienen algo que contar porque, como comprobamos a lo largo de la función, Rojas Zorrilla no nos regala personajes planos. Sobresale el sector femenino al estar dotado de gran modernidad en sus pensamientos, con total independencia respecto del poder masculino –no podemos olvidar los cuatro siglos que tiene esta obra, de ahí que diga que es moderno-. La obra se abre y se cierra con todos los intérpretes juntos cantando una canción acompañados por Yukhnevich al acordeón en un ejercicio de comunión con la comedia y el arte del teatro.
La ejecución tan natural del verso fue una de las cosas que me enamoró de la función. Es muy difícil y pocos son los actores que dominan el arte de hablar en verso. De esta representación sales maravillado al escuchar el texto en sus voces. Desde el principio hasta el final es un montaje redondo, en el que podemos comprobar la aguda inteligencia de Helena Pimenta en la dirección. No pierde nunca de vista que está montando una comedia, aunque se traten temas como el amor, el honor, haya luchas, hermanas deshonradas, celos…, y el público no deja de divertirse, por lo que la directora consigue lo que persigue gracias también a unos actores entregadísimos.

jueves, 7 de mayo de 2015

Entrevista a Nuria Gallardo y Clara Sanchis por "Donde hay agravios no hay celos".

Donde hay agravios no hay celos, una obra de Rojas Zorrilla y dirigida por Helena Pimenta, se ha estado representando con muchísimo éxito por los diferentes teatros de toda España desde su estreno en el Festival de Teatro Clásico de Almagro y que, casi un año después, finaliza su gira en Sevilla.
Hemos tenido el enorme placer de hablar sobre la función con dos de las actrices que componen el numeroso elenco: Nuria Gallardo y Clara Sanchis, dos mujeres que no necesitan presentación. Una entrevista conjunta con ambas en la que, en lugar de guiarlas yo por las preguntas… me guiaron ellas a mí con sus respuestas. Un hermoso rato que me hicieron pasar y que ahora os traigo por escrito:
Pregunta: Esta obra fue muy representada en su tiempo, contando con muchos éxitos… Sin embargo, es un autor poco conocido. ¿Es vuestro primer contacto con el teatro de Rojas Zorrilla o ya conocíais alguna obra?
Clara Sanchis: Para mí ha sido un auténtico descubrimiento, no lo conocía y me gusta muchísimo. Es una mezcla de comicidad y al mismo tiempo profundidad y complejidad en los personajes… Un hombre moderno y los personajes femeninos de esta función son insólitos. Por supuesto, Lope de Vega también es otro gran defensor de la libertad de la mujer… son esos aliados que ya teníamos…
Porque ¿qué sería de la liberación sin estos aliados hombres, cuando durante tanto tiempo sólo ellos han tenido la voz? El personaje que interpreto en esta función, que no quiere casarse con quien le toca, llega a decir “mi albedrío es mío”. Esto en una mujer del Siglo de Oro es insólito y además la altura intelectual que le da.
Nuria Gallardo: El querer casarse por amor. Pero es el hecho de que la mujer se lo plantee y diga “si a mí me gusta uno, ¿por qué no me voy a casar con él?”. Eso era impensable porque las mujeres estaban educadas para casarse con alguien que tuviera posibles.
C.S.: Además el personaje de Nuria (Beatriz) habla directamente de sexo. Una sexualidad expresa encima de la mesa y expresan sus deseos físicos.
N.G.: Rojas Zorrilla no ha sido un autor tan prolijo y no ha proliferado tanto con sus obras como para tener una buena biblioteca suya. Son menos conocidas… porque hay otros autores como Lope de Vega que no te quiero ni contar la de obras que tiene…
C.S.: Esta obra además es curiosísima estructuralmente, es muy moderna. Es muy moderno el hecho de que sea tan coral, todos los personajes son importantes y tienen su momento.
N.G.: Creo que en la historia del teatro clásico es la primera vez que la criada tiene un soliloquio. Yo esta obra no la conocía y hemos tenido la suerte de dar con una función en la que “el listo” o el más inteligente de todos los alumnos de la época empezó a chupar de todos los maestros y ha dado con la piedra filosofal. Una función redonda.
P.: Hay mucha gente que habla sobre lo transgresor que ha sido el director o directora a la hora de apostar por un montaje o una forma de trabajar la obra, pero la transgresión ya está en el propio texto desde hace siglos. ¿Cómo es la creación de unos personajes de una obra como esta, además en verso?
N.G.: Mi proceso creativo ha sido muy diferente al del resto de compañeros. (Destacamos que la actriz se incorporó cuando la función ya había comenzado a rodar y que, hasta entonces, su papel lo interpretaba Marta Poveda).
C.S.: Helena Pimenta propuso una forma de trabajar el verso que para mí ha sido nueva. Una forma mucho más física de lo que para mí era habitual y creo que de alguna manera hemos sacado ese animalito que llevamos dentro. Y claro, unido esto a la transgresión que tiene el texto es fantástico porque los conflictos no se quedan en palabras, sino que están completamente en el cuerpo y ha sido algo en lo que Helena Pimenta ha puesto mucho hincapié. Nos dejamos la piel y eso hace que la comicidad sea mucho más salvaje, creo que es un tipo de interpretación muy directa.
N.G.: Muy arriesgada porque es muy de verdad. ¿Cuándo te ríes tú más? Cuando más en serio están viviendo los personajes lo que les pasa. El público es absolutamente partícipe de todo lo que nos está pasando. Cuanto peor lo pasa esta mujer (doña Inés, interpretada por Clara) no te quiero ni contar… más risa da.
C.S.: Los tres personajes femeninos son tres grandes desobedientes, tres maravillosas desobedientes.
N.G.: Una mujer que se enfrenta a su padre, otra que viene buscando al hombre que la ha dejado tirada y la otra que es un pendón desorejado que dice “yo, mi beneficio”. Son tres montañas que mueven mares.
P.: Entonces aunque haya muchos hombres la función la movéis vosotras, ¿no?
C.S.: Yo creo que no. Lo que sí tiene es una escena insólita larguísima y muy curiosa de personajes femeninos (doña Ana y doña Inés) que son amigas, confidentes. Las feministas norteamericanas a la hora de ver los guiones comprueban que haya una escena entre dos mujeres que estén solas, hablen entre ellas, que no hablen de un hombre y que sean amigas para que pase los requisitos de igualdad.
En este caso sí hablan de hombres porque es la temática pero es rarísimo que haya dos mujeres hablando de sus cosas en escena. Si están hablando es porque son enemigas o porque están hablando de un hombre.
N.G.: Es una escena en la que aunque estén hablando de un hombre son amigas.
C.S.: Para ponerse de acuerdo y ser solidarias entre ellas. O sea me quito de nuevo el sombrero con Rojas Zorrilla. En la unión de las mujeres es donde está la fuerza.
P.: En esta obra hay un componente metateatral importante que es el cambio de roles de amo-criado, por ejemplo. Componente que Helena Pimenta ha potenciado con el recurso de presentaros antes el público como actores antes de empezar la función (y al finalizar), ¿no?
C.S.: En este caso es lectura de Helena, no está en la función ese principio. Es muy bonito porque se produce un efecto de muñecas rusas porque, al mismo tiempo, también en los personajes queda clarísimo en el texto que en la vida representan un personaje que no desean. Tan contemporáneo esto además porque nos pasa ahora. Hablamos de identidades y creo que en ese juego que hace Helena se está hablando de eso, de quién está detrás de la máscara.
N.G.: Eso ayuda muchísimo también a que el público sea cómplice desde el minuto cero con el actor. Yo ya sé que tú sabes y tú ya sabes que yo sé, podemos jugar juntos. La función la vamos a hacer juntos. Vamos a hacer un acto de amor juntos, ya verás que bien te lo pasas, confía en mí y juntos de la mano. Y vuela.
C.S.: Helena ha dirigido esta función en estado de gracia porque ese principio tiene también una melancolía. Con una función que es comedia tuvo la enorme inteligencia de, desde el principio y a través de la música, establecer un código de una cierta nostalgia y tristeza que es necesaria para que no sea frivolidad.
N.G.: Es que en la lucha por conseguir algo a los personajes se les va un jirón, les cuesta la vida. Es muy divertido pero el público también es cómplice de todo lo que duele. Por eso me río y comparto, es decir, no me río de… sino me río con. Esta función está hecha para que el público se ría con nosotros.
P.: Los jóvenes, y no tan jóvenes, le tienen un poco de miedo a los clásicos. ¿Notáis ese miedo al verso?
C.S.: Sí, y es porque realmente el verso es muy difícil de entender. Entender una función en verso requiere un esfuerzo intelectual muy gratificante por todo el recorrido mental que hay que hacer para entrar… Es casi otro idioma.
N.G.: Lo que requiere el verso es mucho ejercicio de escucha. Durante un tiempo, en este país hace mucho años, la oratoria o el cómo se dice era más primordial que lo que se está diciendo. Ahora mismo lo que se trabaja en el escenario es lo que le pasa a los personajes, la suerte que además tenemos nosotros es poder decirlo con palabras maravillosas. El trabajo específico que se hace con Helena Pimenta va orientado a que no haya una palabra que no se sepa por qué se dice. Con este trabajo el público es capaz de comprender a través del verso qué le está pasando a los personajes.
P.: Para finalizar, y es una pregunta que a mí me gusta mucho hacer, independientemente del autor, la obra, el género…¿qué os ocurre cuándo se abre el telón? ¿qué es para vosotras el teatro?
C.S.: A lo largo de la vida de un actor tengo la impresión de que es algo que va cambiando. Ahora, y seguramente tiene que ver con el viaje de esta función y con otra que estoy haciendo de Juan Mayorga (La lengua en pedazos), pienso mucho en que en este arte el trabajo es comunicación con el espectador.
Para mí subirme al escenario, y es la gran diferencia con el cine y la televisión, es jugar juntos. El público está ahí, no se debe olvidar, y aunque exista cuarta pared nuestro juego es en comunicación constante con el espectador. Es algo que hacemos juntos y eso, hoy en día, que estamos tan solos es precioso.
N.G.: Magia. Es eso: magia. Es volar, crear, imaginar, soñar.
Con Nuria Gallardo y Clara Sanchis al finalizar la entrevista.

viernes, 1 de mayo de 2015

"El nombre" o ¡cuidado con las palabras!

Esta obra francesa es una comedia de salón escrita por Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière, en versión de Jordi Galcerán y dirigida por Gabriel Olivares, dos nombres de gran peso del teatro actual. Y si a ellos le sumamos un reparto formado por Amparo Larrañaga, Jorge Bosch, Antonio Molero, César Camino y Kira Miró el entretenimiento y placer están asegurados, pues todos llevan al máximo su vis cómica para que el tono de esta obra no decaiga en su hora y media de duración.
Sinopsis: Vicente, que va a ser padre por primera vez, acude invitado a cenar a casa de su hermana Isabel y su marido Pedro, donde también está su amigo de la infancia Carlos.
Más tarde aparece Ana, su embarazada mujer, que como siempre viene con retraso. Se trata de celebrar la próxima llegada del bebé. Le plantean todo tipo de cuestiones sobre su futura paternidad y los cambios que suponen en la vida de una pareja, sin perder nunca el sentido del humor.
Cuando le preguntan si ya ha escogido un nombre para el futuro niño, su respuesta deja a todos boquiabiertos… desde luego, no es para menos. A partir de ahí se genera un debate que va a crear un conflicto detrás de otro, cada cual más sorprendente e hilarante, y que cuestionará el carácter de cada uno y la relación entre todos los personajes.
Entramos al teatro y en el escenario nos encontramos con una puesta en escena realista, MUY realista, a la que no le falta nada. Tanto que al principio puede resultarnos abrumador, pero cuando tiene lugar la función nos damos cuenta de la importancia de todos y cada uno de los detalles.
Gabriel Olivares ha pretendido una obra casi cinematográfica. Y lo consigue no solamente al dotar a la escenografía de ese ‘detallismo’, sino que incorpora al principio una voz que nos sitúa en la historia y la relación existente entre los personajes mediante la narración. Además utiliza recursos audiovisuales para dar cierre a la función.
El nombre es una obra que ha gozado de notable éxito tanto en su original francés como en las diferentes versiones realizadas en Buenos Aires o Barcelona, además de en su versión cinematográfica. Humor inteligente y muy efectivo que consigue arrancar carcajadas sinceras durante toda la función porque nos reconocemos en los personajes. Esa cotidianidad, cercanía y sencillez es lo que nos hace pensar mientras reímos: ¡madre mía, esto me ha pasado a mí! o ¡esto lo he dicho/hecho yo alguna vez!
Las situaciones hilarantes se van sucediendo sin pausa y sin control, tanto que llega un momento en el que creemos que aquello ya ha llegado a su máximo, pues no… ¡va más allá! Y se destapa en la conversación otra bomba, otro motivo para un debate acalorado. Aunque todo sucede solo, sin forzarlo. Se dicen las verdades que han estado silenciadas y el asunto se les empieza a ir de las manos –hasta que se les va-. Pero jamás se abandona el tono de la comedia.
No puedo evitar resaltar –no hago spoiler- el monólogo que tiene Amparo Larrañaga casi al finalizar la función que, por lo que dice y la forma de decirlo, consigue que el teatro estalle en aplausos y “bravos”, teniendo incluso que elevar la voz por encima de las risas del público que ante semejante sublimación de lo cómico no puede contenerse.
Los personajes se conocen de toda la vida y, como en la realidad, a pesar de los vínculos establecidos a través de los años puede darse algún que otro roce. ¿Quién no ha tenido una discusión con un amigo o un familiar? ¿Quién entre risas no ha soltado algún comentario inapropiado –pero no por ello falso-? Es conocido eso de “entre broma y broma la verdad asoma”. ¡Cómo se agradece una comedia en estos tiempos de tragedia!