viernes, 1 de mayo de 2015

"El nombre" o ¡cuidado con las palabras!

Esta obra francesa es una comedia de salón escrita por Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière, en versión de Jordi Galcerán y dirigida por Gabriel Olivares, dos nombres de gran peso del teatro actual. Y si a ellos le sumamos un reparto formado por Amparo Larrañaga, Jorge Bosch, Antonio Molero, César Camino y Kira Miró el entretenimiento y placer están asegurados, pues todos llevan al máximo su vis cómica para que el tono de esta obra no decaiga en su hora y media de duración.
Sinopsis: Vicente, que va a ser padre por primera vez, acude invitado a cenar a casa de su hermana Isabel y su marido Pedro, donde también está su amigo de la infancia Carlos.
Más tarde aparece Ana, su embarazada mujer, que como siempre viene con retraso. Se trata de celebrar la próxima llegada del bebé. Le plantean todo tipo de cuestiones sobre su futura paternidad y los cambios que suponen en la vida de una pareja, sin perder nunca el sentido del humor.
Cuando le preguntan si ya ha escogido un nombre para el futuro niño, su respuesta deja a todos boquiabiertos… desde luego, no es para menos. A partir de ahí se genera un debate que va a crear un conflicto detrás de otro, cada cual más sorprendente e hilarante, y que cuestionará el carácter de cada uno y la relación entre todos los personajes.
Entramos al teatro y en el escenario nos encontramos con una puesta en escena realista, MUY realista, a la que no le falta nada. Tanto que al principio puede resultarnos abrumador, pero cuando tiene lugar la función nos damos cuenta de la importancia de todos y cada uno de los detalles.
Gabriel Olivares ha pretendido una obra casi cinematográfica. Y lo consigue no solamente al dotar a la escenografía de ese ‘detallismo’, sino que incorpora al principio una voz que nos sitúa en la historia y la relación existente entre los personajes mediante la narración. Además utiliza recursos audiovisuales para dar cierre a la función.
El nombre es una obra que ha gozado de notable éxito tanto en su original francés como en las diferentes versiones realizadas en Buenos Aires o Barcelona, además de en su versión cinematográfica. Humor inteligente y muy efectivo que consigue arrancar carcajadas sinceras durante toda la función porque nos reconocemos en los personajes. Esa cotidianidad, cercanía y sencillez es lo que nos hace pensar mientras reímos: ¡madre mía, esto me ha pasado a mí! o ¡esto lo he dicho/hecho yo alguna vez!
Las situaciones hilarantes se van sucediendo sin pausa y sin control, tanto que llega un momento en el que creemos que aquello ya ha llegado a su máximo, pues no… ¡va más allá! Y se destapa en la conversación otra bomba, otro motivo para un debate acalorado. Aunque todo sucede solo, sin forzarlo. Se dicen las verdades que han estado silenciadas y el asunto se les empieza a ir de las manos –hasta que se les va-. Pero jamás se abandona el tono de la comedia.
No puedo evitar resaltar –no hago spoiler- el monólogo que tiene Amparo Larrañaga casi al finalizar la función que, por lo que dice y la forma de decirlo, consigue que el teatro estalle en aplausos y “bravos”, teniendo incluso que elevar la voz por encima de las risas del público que ante semejante sublimación de lo cómico no puede contenerse.
Los personajes se conocen de toda la vida y, como en la realidad, a pesar de los vínculos establecidos a través de los años puede darse algún que otro roce. ¿Quién no ha tenido una discusión con un amigo o un familiar? ¿Quién entre risas no ha soltado algún comentario inapropiado –pero no por ello falso-? Es conocido eso de “entre broma y broma la verdad asoma”. ¡Cómo se agradece una comedia en estos tiempos de tragedia!

No hay comentarios :

Publicar un comentario