martes, 15 de septiembre de 2015

¿Vencedores o vencidos?

En un entorno inmejorable está teniendo lugar la representación de un trocito de nuestra Historia, reconstruido a través de una leyenda. Hablamos del Castillo de San Jorge, que acoge las funciones de Pelay Correa, una leyenda de la Reconquista de Sevilla. Con cuánto gusto va una a ver una función hecha en casa… y que no se me enfade nadie (por favor), pero es que hay que reconocer que una siente especial orgullo cuando un poquito de arte nace de su tierra.
Pelay Correa es un espectáculo de la compañía La Madeja Teatro que hemos encontrado dentro del ciclo Noches de Sevilla organizado por el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS). Es una obra de Borja de Diego dirigida por Alfonso Hierro-Delgado que cuenta con las interpretaciones de Juan Planelles y José Chía.


Simpatizo bastante con la idea de hacer mucho con poco, de hecho, el teatro se apoya en el “menos es más” y esto es lo que consiguen ellos. Sólo dos actores son necesarios para sostener en escena este espectáculo y reconstruir un periodo de la Reconquista, poniendo frente a nuestros ojos “interiores” incluso las batallas. ¿Por qué digo ojos “interiores”? Porque el actor José Chía, que encarna a Pelay, estando sólo en escena apela a la imaginación del espectador y le conduce, con su voz y sus movimientos, al campo de batalla repleto de personas. Consigue crear el ambiente bélico que termina de complementarse con un magnífico uso de la luz y del sonido.
El propio Castillo de San Jorge se convierte en elemento fundamental en la historia, pues en el periodo histórico de la Reconquista fue el último lugar de Sevilla en caer. Fundamental en aquel entonces y fundamental ahora, pues siglos después vuelven a darse cita en este lugar dos culturas diferentes en las figuras de Pelay Correa (militar cristiano) y Omar (médico musulmán, encarnado por Juan Planelles, quien sabe dotar a su personaje de una gran serenidad y que le lleva al entendimiento con el otro personaje, tan dispar a él en un principio).
El inteligente y poético texto de Borja de Diego establece una conexión con el “entonces” (siglo XIII) y el “ahora” (pleno siglo XXI) y es que los conflictos universales del hombre son eso: universales, y sobreviven al paso del tiempo, nos reconocemos en nuestra Historia y en los ojos de quien, por ejemplo, desgraciadamente tiene que huir de su casa, no por gusto, sino porque le echan. Se van para salvar su vida. ¿Quién no haría lo mismo?


Pelay, un militar bajo las órdenes del rey Fernando III, encabeza una lucha por la recuperación de Sevilla, para recuperar territorio cristiano y en una de esas batallas es herido gravemente. Aquí es donde Omar, un médico musulmán, juega un papel fundamental: le salva la vida y la lucha entre culturas, la lucha externa, se vuelve interna. No se encuentran un cristiano y un musulmán que respondan vayamos a saber a qué llamamiento divino, sino dos personas. El acto altruista de Omar porque así su profesión lo requiere, al curar a Pelay, consigue hacerle comprender que no importa el bando, la raza, la lengua o la creencia. Ambos tienen una historia diferente pero los dos comparten un mismo camino y así, entre conversaciones surge entre ellos una amistad que a los espectadores se nos antoja reveladora.
Es una obra que oscila entre la realidad y la leyenda, no sabemos si Omar existió de verdad, no sabemos –si de hacerlo- llegó a coincidir con Pelay, si ocurrió todo tal y como nos cuentan. Pero lo que sí es cierto es que llega un momento en que deja de importar el cómo, el cuándo, el porqué y sólo importa el qué. Eso que tienen en común y que sólo mirando a los ojos del otro consiguen encontrar.
Historia para entender. Para entendernos. Da igual quien gane o no, en tiempos de guerra el ser humano es el que pierde.

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